En ocasión de la celebración del treinta aniversario de vida artística del profesor Enrique López, director de la Academia de Ballet Clásico de Masaya e investigador de nuestras raíces folclóricas, aprecié en la Ciudad de las Flores la representación de El Güegüense, comedia danzante, dirigida por López.
Ver en Masaya la obra teatral con todos sus diálogos y música grabada me evocó el relato de Carlos Mántica Abaunza, cuando dice que en 1960 miró en Diriamba el Teatro El Güegüense en casa de Leopoldo Serrano, con todos sus parlamentos y música en vivo.
Don Salvador Cardenal lo había grabado en 1950 en las calles de Diriamba en ocasión de las fiestas de San Sebastián.
Hoy abordo el tema de El Güegüense en Masaya porque nuevamente ya lo están representando en los escenarios callejeros, desde hace tres años, exactamente desde el 2011. El Güegüense se ha visto en Masaya en las festividades en homenaje a la Virgen de la Asunción, patrona titular de Masaya y de su patrono popular San Jerónimo.
La escenificación la llevan a cabo jóvenes de Masaya, expresando todos los parlamentos de memoria, la música es la misma que grabó Salvador Cardenal en su álbum Nicaragua: música y canto.
Esta obra de la picaresca indohispana está regresando de donde salió: Masaya. El Güegüense, obra de autor anónimo es nuestro como teatro callejero por excelencia, es la pieza más importante y como dijo el poeta Pablo Antonio Cuadra: Es nuestra primera obra de la literatura nicaragüense.
Antes de la conquista
Masaya fue desde antes de la conquista un pueblo importante, era de numeroso vecindario y hermosa localidad. El Güegüense surgió en la Gran Manquesa, región compuesta por Nindirí, Masaya, Catarina, Niquinohomo, Masatepe, Jinotepe y Diriamba.
Los gobernantes residían en Masaya, dice Tomás Ayón, en el tomo III de la Historia de Nicaragua , página 76. Mántica explica que cercano a 1673 empezó a desarrollarse la obra en Masaya y no en Diriamba como se ha creído.
El Güegüense es una obra bilingüe (náhuatl-castellana) y con la traducción al inglés por Brinton, El Güegüense alcanza proyección internacional, es leído por numerosos intelectuales de la época y recibe comentarios elogiosos.
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La trama de la obra se desarrolla en un lugar donde hay una gobernación y fuerte presencia española y el gobernador es indígena. Germán Romero Vargas afirma que Masaya se hallaba bajo la jurisdicción directa del gobernador que era la instancia política más alta de la provincia.
En 1867 el escritor granadino miró en Masaya escenificarse El Güegüense en las fiestas de San Jerónimo. Para 1873, el lingüista Juan Eligio de la Rocha (1815-1873) recopiló dos manuscritos de la obra, en otras palabras, el primer recopilador de la obra fue Juan Eligio.
A su muerte, ambas copias fueron guardadas por su hermano Jesús de la Rocha. En 1868 llegó a Masaya, para las fiestas de San Jerónimo, un estudioso alemán llamado Karl Berendt, un buscador de tesoros culturales y se hospeda en el Hotel Azcárate, actualmente el hotel se encuentra en ruinas, sus enormes paredes cada día se deterioran, se encuentran cerca de las siete esquinas unos ochenta metros al Sur.
En ese hotel, Karl Berendt hace contacto con Jesús de la Rocha y le entrega las dos copias recogidas por Juan Eligio de la Rocha y hace de las dos una sola fusión de la obra.
La cuna de El Güegüense
De El Güegüense el viajero francés J. Lafarriere en Notas de Voyajes en Centreamerrrique dice: El Güegüense se observa claramente en Masaya durante el siglo XIX. Antes otro viajero y escritor Walter Leheman escribió: “Texte Aus Nicaragua original del baile del macho ratón, Masaya (Manuscrito de 54 páginas, 22×25 cm) Berlin Iberoamérica Nisches Institute.
Por último otro dato, Enrique Peña Hernández publica en LA PRENSA en la página de Opinión el 15 de junio del 2006 lo siguiente: El 15 de agosto de 1810, Don Bruno Berroterán y su Cofradía sacaban al Güegüense para alegrar la procesión de la Santísima patrona de Masaya: Nuestra Señora de la Asunción.
Para 1752, Masaya es visitada por el obispo Agustín Morel de Santa Cruz y en su informe dice: Masaya estaba conformada por cuatro parcialidades: Diriega, Monimbó, San Sebastián y Guillén.
Se encontraban 28 casas particulares de tejas, la Casa del Gobernador y la del Cabildo, habían 1,235 casas de paja con una población de 6,024 habitantes, mientras que Diriamba era un anexo de Jinotepe, en Diriamba habitaban solo indígenas, 49 casas de paja y habitadas por 119 familias, las que contenían 335 personas.
Masaya era el hervidero de los bailes populares indígenas con mezcla católica (mestizaje) ya relinchaba El Güegüense, Los chinegros, El baile de las inditas y el Baile del toro guaca danza del toro, los bailes salían en honor a San Jerónimo, la Virgen de la Asunción, a Santiago y a Santa Ana. Existían otras representaciones como El baile de los diablitos, El baile de la yegüita, El torovenado y Baile del mantudo.
Las migraciones hacia Diriamba
Para la década de 1920, algunas familias masayas emigraron a Diriamba y con ellas también la tradición que la llevaban por dentro y así llegó El Güegüense, El toro huaco y El gigante, también un baile de inditas y otro de gitanos llamado el Baile del barbudo, el pito indígena y la marimba poblaron de sonido a Diriamba, hoy estos bailes tradicionales se encuentran afianzados en el fervor a San Sebastián.
Hoy El Güegüense ríe y danza con nosotros, lo he visto en tres ocasiones en las calles de Masaya, saliendo en honor a San Jerónimo y a la Virgen de la Asunción, patrona titular de Masaya. Mencionado en una película, El extra por Mario Moreno Cantinflas: andaba de Güegüense —dice Cantinflas— en otras palabras andaba de indio burlesco.
Hoy, inexorablemente está retornando a Masaya, a su cuna natal, es tiempo que la Alcaldía y su Concejo Municipal se pronuncien, y hagan la declaratoria de que Masaya es la cuna de El Güegüense.
Ver en la versión impresa las páginas: 6 B




