Elízabeth Romero
“Mi hermana cometió el grave error de haber mediado con su asesino”. Quien habla así es Deikel Alemán Benavides, hermana de Massiel Carolina Benavides, quien murió de un balazo perpetrado por su cónyuge el pasado 19 de julio.
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“Creo que una ley es bonita, pero más bien es la cultura, creo que aquí tenemos que tener una cultura de no violencia contra la mujer”, expresó monseñor Brenes.
El religioso dijo que si los diputados que abordan el tema consideran escuchar la posición de la Iglesia, lo harían a través de la Pastoral familiar.
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El 26 de marzo la víctima había sido presionada a mediar ante la Policía en el Distrito Dos, recordó su hermana, quien junto a representantes de diferentes movimientos de mujeres, se plantó ayer frente a la Asamblea Nacional para externar su rechazo a una posible reforma a la Ley 779, Ley Integral Contra la Violencia Hacia las Mujeres.
Ellas rechazan que se incorpore la figura de mediación a través de la reforma del artículo 46, sugerido por la Corte Suprema de Justicia (CSJ).
“El mensaje social que se envía desde el Estado con esta pretendida reforma es letal, no solo porque esa restitución implica la promoción de la impunidad, sino porque convierte al Estado y todos sus operadores como cómplices necesarios de la violencia”, dice un pronunciamiento de rechazo a las reformas emitido por el movimiento de mujeres.
A través del documento, los grupos de mujeres demandan a los diputados de la Asamblea Nacional que demuestren coherencia con la decisión adoptada el 26 de enero del año pasado, cuando la aprobaron.
“Exigimos rechacen la iniciativa de reforma y adiciones de la Ley 779 presentada por la Corte Suprema de Justicia, por ser injusta, inhumana, inmoral, improcedente y violatoria de la Constitución Política y los compromisos internacionales”, dice el documento.
El director jurídico del Centro Nicaragüense de Derechos Humanos (Cenidh), Gonzalo Carrión, organismo que brindó acompañamiento a las mujeres, recordó que la mediación revive traumas a las víctimas.
“Es una oportunidad no para resolver conflictos, sino una oportunidad para conservar violencia, donde la mujer realmente es la perdedora, es la que sufre”, dijo.
Recordó que en este caso no se trata de implementar la mediación clásica que establece el Código Procesal Penal (CPP), como una oportunidad de paz social en casos de disputa de propiedades donde no hay mayores niveles de violencia. Y una posible reforma, dijo Carrión, violenta el espíritu de la Ley 779 y sus motivaciones.
“El problema de una mediación en la violencia contra las mujeres es que está en el entorno de una relación cotidiana del agresor con las mujeres y sus hijos”, dijo Carrión.
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