Hemos sido tan negativos los nicaragüenses que cuando nos desmayamos en vez de volver ¡Sí! volvemos en ¡No! Siempre nos levantamos pero no para aprender de los errores, sino para repetirlos creyendo que con ello los vamos a vencer en segunda, tercera o cuarta ocasión y así nos la pasamos patinando toda la vida.
Esta pérdida de tiempo nos sigue atrasando sin que asimilemos que es una enfermedad letal para los intereses de Nicaragua. Para nuestra “oposición” este mensaje es como mostrar una cruz a drácula, porque desde la poca maniobrabilidad que tiene sería demasiado admitir que la Nicaragua de hoy pueda tener una esperanza en el mañana bajo la administración Ortega.
Una situación idéntica le pasó al FSLN siendo oposición en la década de los noventa, cuando a los gobiernos de Violeta Chamorro, Arnoldo Alemán y Enrique Bolaños les tocó enderezar todos los desaciertos de la noche oscura. En esos tiempos cualquier avance se frenaba a base de asonadas porque al FSLN no le convenía el progreso liberal.
Creo que ese concepto de “oposición profesional” debe terminar en Nicaragua. Si hay que hacer oposición legítima al actual gobierno hagámosla responsablemente señalando con seriedad las cosas que estén mal, pero no por salir en la cámara y estar en la noticia y hacernos famosos, sino para ser críticos constructivos, a fin de que aquel que no esté haciendo lo correcto sea capaz de rectificar y enmendar.
En Nicaragua todo lo queremos hacer por mis pistolas, porque nos acostumbramos a reaccionar pensando en que no hay que darle gusto al adversario si soy quien tiene el poder o no dejar en paz al que lo tiene, porque no lo tengo yo y por eso mismo vamos a cumplir 192 años de vida independiente y 192 años de guerras fratricidas.
El gobierno actual ha cometido errores como todos los que le antecedieron. Los más acentuados son institucionales, pero ninguno de ellos hizo sonar la alarma desestabilizadora, porque la “oposición” lo legitimó en todo y una vez asentadas las aguas siguió creciendo asociado con los empresarios, con una relación estable y respetuosa con los Estados Unidos, con los poderes del Estado adheridos a su proyecto, con una propuesta ejecutada con más de 40 proyectos sociales y creando infraestructura por todo el país.
Lo anterior es el esquema mínimo pero lo sustancial —ilusión o realidad— es el gran Canal, Tumarín, la refinería, el satélite, la Carretera Nueva a León, la exploración petrolera en el Caribe y otros más que pudieran venir y a los que al menos, pienso yo, deberíamos conferir el beneficio de la duda.
Lo contrario sería levantar el tono, maldecir y sobrarnos en la incapacidad de presentar propuestas a un pueblo, que por lo que las encuestas dicen, está harto de ver en el antisandinismo a “opositores profesionales” que gritan y escandalizan sin ser capaces de presentar alternativas y menos de ofrecer un espacio mínimo en la búsqueda de la tan lejana unidad.
El Frente Sandinista será en el poder lo que la oposición le permita que sea. A veces los archipiélagos oposicionistas por hacer daño a Ortega y a su partido se enredan y golpean a Nicaragua, proyectando en el exterior una imagen que internamente no vemos. Eso es peligroso porque entonces los números terminan por fortalecer a quien desde el poder hoy luce imbatible. El autor es liberal y periodista.
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