Los temas fundamentales para la nación deben ser dilucidados públicamente. Este es un derecho primordial en toda democracia. Con esa convicción y para aportar al debate sobre el proyecto de construcción de un Canal Interoceánico, la Academia de Ciencias de Nicaragua ha presentando sus consideraciones en un Mensaje a la Nación. Al tiempo que anima los esfuerzos encaminados al desarrollo económico advierte que, al tratarse de proyectos de gran calibre, deberían instituirse todas las ordenanzas científicas y estudios de impacto ambiental, social y económico relevantes.
La Academia llama a actuar responsablemente con un futuro ambiental sostenible y recomienda excepcional cautela en aquellas obras irreversibles que comprometan la integridad de la nación o que afecten la biodiversidad y los recursos acuíferos como el Cocibolca, valiosos patrimonios nacionales. A lo anterior, la Academia añade que se consulte a los mejores científicos nicaragüenses para estudiar a profundidad la propuesta del Canal. Pero no se trata de colocar a nuestros científicos y centros de investigación a disposición del concesionario. Utilizar sus capacidades y recursos para servir al consorcio sería un desmérito que los subordinaría a intereses privados.
Se trata en cambio de que Nicaragua cuente con una valoración científica del máximo nivel y en función de los intereses nacionales. Ante una obra de tal magnitud y dado el conflicto de interés señalado, no puede una nación pequeña declinar en compañías extranjeras las valoraciones técnico-científicas que son obligaciones de Estado. La Academia de Ciencias podría cumplir esta función porque tiene independencia, capacidad y motivación suficientes puestas a disposición del país. Además, a solicitud de nuestra Academia se pondrían a disposición del país a los mejores científicos del mundo. Dada su vinculación internacional, la Academia cuenta con el apoyo de una extensa red de científicos de prestigio mundial, incluyendo a decenas de Premios Nobel.
Con igual propósito y sobre el mismo asunto, la Academia ha organizado una serie de foros académico-científicos que fomentan la construcción de una opinión colectiva, favorecen la negociación en un marco democrático y generan espacios de reflexión frente a este asunto que concierne no solo a la clase política sino a toda la población. Abordando el tema desde diferentes cienciasambientales, geológicas, jurídicas, económicas y sociales, entre otras, la Academia ha colocado en el centro del debate las principales preocupaciones sobre las implicaciones presentes y futuras, los posibles riesgos y la incertidumbre asociada al proyecto.
Si bien no representan la posición oficial de la Academia, las opiniones, críticas o recomendaciones de los expertos invitados al debate, e inclusive aquellas surgidas de la concurrencia, deberían ser estudiadas por los tomadores de decisiones.
En los foros se han expuesto recomendaciones que han persuadido la opinión pública. Por ejemplo, el doctor Pedro Álvarez ha advertido que sería inadmisible un proyecto de desarrollo que no fuese ambientalmente responsable. Resulta injustificable otorgar concesiones sin previas valoraciones ambientales. Por otra parte, afirmando el valor superior del recurso agua, el profesor Salvador Montenegro ha mostrado con elocuencia no solo la importancia ecológica del Cocibolca sino también su valor económico.
Estas opiniones y las de los demás expertos del foro coinciden en examinar el modelo prevaleciente de desarrollo. Aunque aun predomina aquella visión basada en un paradigma utilitario y explotador de la naturaleza, complace percibir entre nuestros científicos la confianza en un nuevo paradigma de la relación humano-naturaleza. Aquella visión atrasada que ha conllevado no solo al deterioro ambiental sino también al detrimento paulatino de las dimensiones éticas y morales tarde o temprano será revocada. Dicho dilema se presenta de manera frontal con el tema del Canal, cuya problemática compleja nos convoca al trabajo conjunto entre la clase política, sociedad civil y comunidad científica para desentrañar y redefinir las concepciones del desarrollo anhelado.
Dada la complejidad socio-política actual, los foros de la Academia y la universidad como institución autónoma se presentan como un espacio de pensamiento, de libertad y democracia, idóneo para vislumbrar el desarrollo nacional. En esa plaza pública deben debatirse de manera crítica y comprometida, a la vez que en diversidad y tolerancia, las visiones y puntos de vista sobre los múltiples temas del interés nacional. Tenemos la obligación de proporcionar la plataforma intelectual que permita que las aspiraciones de justicia, libertad y equidad encuentren cimiento firme y estable en Nicaragua. El autor es doctor en biología molecular.
Ver en la versión impresa las páginas: 10 A