Comisionados de exportación
Seguramente los indicadores utilizados por el Departamento de Estado de los Estados Unidos y el PNUD, para otorgarle reconocimiento internacional a la Policía Nacional, por su modelo aplicado para la seguridad del país, fueron otros que no miden la eficiencia con que prestan este servicio a la ciudadanía.
El 30 de junio del corriente año, mientras almorzábamos fuera de casa, nos llamó una vecina avisándonos que la verja y la puerta principal estaban abiertas con señales de haber sido violentadas.
Los ladrones dejaron todas las puertas destrozadas, con las cerraduras inservibles, y la verja arrancada sin siquiera quitarle el candado. La violencia fue exagerada para un robo casero. Nadie vio ni oyó nada, habiendo cuidadores en el reparto las 24 horas. Un verdadero misterio.
Pusimos la denuncia en el Distrito Uno de la Policía, donde nos corresponde.
Primero llegaron dos oficiales a levantar el informe.
Después dos más, a recoger huellas y evidencias.
Dijeron que habíamos contaminado el sitio al entrar a verificar los daños, por lo que posterior a que ellos hicieran el levantamiento todos los presentes tendríamos que ir a la delegación para que tomaran nuestras huellas y así poder identificar las que no pertenecían a nosotros.
Entonces me fijé que el estuche de la flauta estaba abierto, y supuse que las huellas de quien lo abrió estarían en las manijas metálicas; entonces sugerí que se tomaran las muestras. La oficial con sus guantes de látex inmediatamente puso sus dedos encima de las piezas metálicas, entonces le expresé que eso borraría las huellas si las hubiera, y sin hacer caso a mi comentario, me respondió que no. Finalmente no “encontraron” ninguna huella.
Nuestro caso quedó a cargo de un oficial del Distrito Uno. Después de llamarlo varios días seguidos queriendo saber de los avances, el oficial preguntó si teníamos facturas, le dije que no. De las alhajas, adquiridas a lo largo del tiempo, no conservamos facturas, de mi laptop y la TV, regalo de mi hijo, tampoco; pero sí le mencioné que podía facilitarle los manuales y la garantía de la TV, y que la otra laptop robada tenía un GPS.
El oficial fue muy claro al afirmar que si no teníamos facturas, aunque encontraran lo que nos robaron, no nos lo devolverían.
Al cuestionar tan absurda disposición, tomando en cuenta que vinieron a la casa para verificar y levantar el informe del robo, y que se puso la denuncia detallando tipo, marca y características de lo robado; me respondió que esa era la Ley.
Incluso me informó que si encontraban los objetos y los usaban como evidencia en el juicio contra los ladrones, el abogado defensor de los maleantes pediría las facturas, y al no tenerlas, su defendido saldría libre por falta de pruebas.
La explicación del oficial sobre la “Ley” me dejó muy claro que: los ladrones tienen más derechos que las víctimas y que todo el trámite de denuncia es una burla. Si por un milagro, la Policía (sin ninguna pista dos meses después del robo) encontrara nuestros objetos se quedarían con ellos porque no tenemos facturas.
Así que seremos donantes forzados de laptops y TV para la Policía. Y alguien lucirá nuestras joyas en alguna celebración de premiación.
¿Qué sentido tiene que el nuevo producto de exportación: los comisionados mayores recién acreditados como expertos en diferentes especialidades, vayan al extranjero a capacitar a otros policías, cuando aquí existen crímenes y delitos que siguen en la impunidad?
La comisionada Aminta Granera tiene razón al decir que “los ojos del mundo se han vuelto hacia esta Policía”, pero definitivamente no será por su eficiencia y honradez.
Milena Zamora. Tecnóloga médica.
Propiedades de los Somoza
Con respecto al artículo de mi autoría que fue publicado en LA PRENSA el sábado 7 de septiembre del corriente, titulado “El PLC que conocí”, debo rectificar que las empresas de la familia Somoza, la Cementera y otras, no han sido restituidas a la familia Somoza, como erróneamente lo escribí.
Así me lo ha dicho el señor Luis Ramón Sevilla Somoza, representante de la familia Somoza, quien me ha solicitado que haga la aclaración de que ningún gobierno, desde el de doña Violeta Barrios de Chamorro hasta el de ahora, no han indemnizado ni regresado bienes a dicha familia.
Chester Membreño. Abogado.
“Luz habitada”
El conocido poeta y periodista Roberto Cuadra, radicado en Miami, me pide mis impresiones sobre el que mi poemario Luz habitada fuera anunciado el lunes 2 de septiembre como ganador en poesía de la Convocatoria del CNE 2013”.
El querido poeta me felicita, pero pregunta cómo es posible que ganara un poemario de un escritor al que recientemente se pretendiera descalificar diciendo que “carecía de suficiencia estética”, y sobre quien parece haber caído el decreto invisible de una “muerte literaria”.
A mi querido y viejo amigo le respondo que el decreto de una especie de “muerte literaria”, a quien se caracterizó por su apertura durante los 27 años que fue director de Nuevo Amanecer Cultural, solo encuentra explicación en complejos insignificantes o en censuras impuestas y aceptadas de buen grado. Sea como sea, pienso, la obra es la que habla.
El principio estético de una obra descansa en su calidad, y sostener la calidad, sin precipitarse en la ramplonería o la sensiblería, es un arduo trabajo que lleva años. La estética, en la escritura, implica una constante lucha contra la vanidad, es decir, cultivar la humildad. Creo que a mí me ha ayudado la suficiencia ética, y el estar convencido de que la célebre frase del poeta José María Valverde —que no me canso de citar—, “Sin ética no hay estética”, debe de ser el credo de todo escritor.
En cuanto a la historia de este poemario, debo decir que desde hace años he querido hacerle un homenaje al sacerdote jesuita y gran poeta Ángel Martínez Baigorri, hermano mayor de José Coronel Urtecho y Pablo Antonio Cuadra, y páter y maestro angélico de Fernando Silva, Carlos Martínez Rivas, Ernesto Mejía Sánchez, Ernesto Cardenal, entre otros, hasta llegar a muchos de los de mi generación, discípulos suyos o frailes menores.
Quise pues que no necesariamente todos los 26 poemas que integran este libro fueran sobre su persona, pero sí que se adivinara su magisterio en todos ellos. Magisterio directo e indirecto. Por ello el poemario es variado y dividido en dos partes: Angelus y Animus. El seudónimo que escogí, Agnus (cordero), no es casual, para un libro que no pretende ser religioso, sino pletórico de espiritualidad.
Hay un poema —que va al inicio— Luz habitada, que da título a este libro, y que es la dedicatoria que el P. Ángel Martínez Baigorri, S.J., escribió en un ejemplar de Domus Aurea, mi primer breviario poético (segunda edición, 1969), que el “páter” compró, siendo yo el autor, y me obsequió. Posterior al fallo el poeta Edwin Yllescas, muy acertadamente, me comentó que Luz habitada “entronca” con “ Domus Aurea”. Por venir de donde viene y por lo acertada, comparto plenamente esa opinión, que da más luz a mi libro. Luz habitada, ese hermosísimo poema-dedicatoria a que hago referencia, seguramente está motivado por haber bautizado a todos nuestros hijos, e inspirado en los domingos que Mercedes y yo compartíamos con él, en las casas de alquiler, siempre por él benditas, que habitamos hasta llegar a tener una propia, en la que continuó viéndose “con cielo y casa”. La introducción a la dedicatoria dice: “Este ejemplar de La casa de oro es para su autor con otra casa —suya— como Luz habitada”.
Luis Rocha.
Ver en la versión impresa las páginas: 11 A