Un discurso memorable

Este año las Fiestas Patrias se llevan a cabo en el contexto de una de las más graves crisis institucionales de nuestra historia.

Este año las Fiestas Patrias se llevan a cabo en el contexto de una de las más graves crisis institucionales de nuestra historia.

Cabe entonces preguntarnos si tenemos algo que celebrar cuando nuestro inconstitucional presidente de la República, que al tomar posesión de su cargo juró respetar la Constitución Política y las leyes, es el principal responsable de las más flagrantes violaciones a nuestra Carta Magna y a las leyes de la República, y en circunstancias que la mayoría de los funcionarios integrantes de los más altos poderes del Estado están usurpando sus cargos al ejercerlos de facto.

Mejor cedemos el espacio de esta columna a algunos párrafos del memorable discurso pronunciado por el prócer, presbítero, doctor José Simeón Cañas, ante la Asamblea Constituyente de Centroamérica, reunida en la ciudad de Guatemala en el mes de julio de 1823, abogando por la abolición de la esclavitud en Centroamérica.

Para ese entonces, el doctor José Simeón Cañas, exrector de la Universidad de San Carlos de Guatemala, era diputado por Chimaltenango: “Vengo arrastrándome y si estuviera agonizando, agonizando viniera para hacer una proposición benéfica a la humanidad desvalida: con toda la energía con que debe un diputado promover los asuntos interesantes de la patria, pido que ante toda cosa y en la sesión del día, se declaren ciudadanos libres nuestros hermanos esclavos, dejando solo el derecho de propiedad que legalmente prueben los poseedores de los que los hayan comprado, y quedando para la inmediata discusión la creación del fondo de indemnización de los propietarios…

“Todos saben que nuestros hermanos han sido violentamente despojados del inestimable don de su libertad, que gimen en la servidumbre suspirando por una mano benéfica que rompa la argolla de su esclavitud. Nada pues será más glorioso a esta augusta Asamblea, más grato a la nación, ni más provechoso a nuestros hermanos, que la pronta declaratoria de su libertad, la cual es tan notoria y justa, que sin discusión, y por general aclamación, debe decretarse. La nación toda se ha declarado libre, lo deben ser también los individuos que la componen…

“Aunque me hallo pobre y andrajoso porque no me pagan en las cajas ni mis créditos, ni mis dietas, cedo con gusto cuanto por uno y por otro título me deben estas cajas matrices, para dar principio al fondo de indemnización arriba dicho”.

La moción de la abolición de la esclavitud fue aprobada por unanimidad de votos y decretada en los términos siguientes: “Todo hombre es libre en la República, y no puede ser esclavo el que llegase a tocar su territorio”.

Al presbítero doctor José Simeón Cañas se debió también, durante su gestión como rector de la Universidad de San Carlos de Guatemala, la supresión de los requisitos nobiliarios de hidalguía y limpieza de sangre para ingresar a la universidad.

El gesto de desprendimiento del presbítero doctor José Simeón Cañas, quien además de encontrarse muy enfermo estaba sumido en la pobreza, hizo que todos los dueños de esclavos renunciaran a la indemnización al momento de liberarlos. Se estima que para entonces había unos mil esclavos en toda Centroamérica. Buen número de ellos trabajaban en fincas propiedad de la Iglesia y de las órdenes religiosas.

Centroamérica fue la primera nación del Continente americano que proclamó la abolición total e inmediata de la esclavitud, incluso varias décadas antes que los propios Estados Unidos.

En Chile (1811), Argentina (1813) y Perú (1821), la abolición fue decretada antes, pero para aplicarse de manera progresiva. El autor es catedrático y jurista .

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