Democracia y educación: claves del desarrollo

Uno de los conceptos más exitosos, que se ha convertido en paradigma, es el del desarrollo humano sostenible. El concepto ha evolucionado hasta asumirse como un proceso de ampliación de las oportunidades para que las personas disfruten de una vida larga y saludable; accedan a una educación de calidad y pertinente; ejerzan una ciudadanía crítica y participativa en una sociedad democrática y gocen de un nivel de vida decoroso, sin afectar las posibilidades de las futuras generaciones.

Al no darse esta dispensa, traería consigo consecuencias desastrosas para el país, ya que Estados Unidos tiene influencia en organismos como el Banco Mundial y el FMI, quienes otorgan préstamos al país”. Jurista Carlos Tünnermann.

Uno de los conceptos más exitosos, que se ha convertido en paradigma, es el del desarrollo humano sostenible. El concepto ha evolucionado hasta asumirse como un proceso de ampliación de las oportunidades para que las personas disfruten de una vida larga y saludable; accedan a una educación de calidad y pertinente; ejerzan una ciudadanía crítica y participativa en una sociedad democrática y gocen de un nivel de vida decoroso, sin afectar las posibilidades de las futuras generaciones.

Un desarrollo de tal naturaleza requiere condiciones que tienen que ver con las instituciones, los sistemas educativos, de salud y la promoción de la equidad. Una de las conclusiones de un estudio auspiciado por el BID intitulado: “La política importa. Democracia y desarrollo en América Latina” (2006) afirma: “Una democracia que funcione de manera adecuada es una condición indispensable para fortalecer las instituciones e implantar políticas públicas eficientes y duraderas, que permitan a su vez un desarrollo equitativo y sostenible”…

La demolición de las instituciones que sostienen el edificio de la democracia está entre los mayores obstáculos para que un pueblo logre un desarrollo que le permita abatir los flagelos de la pobreza y el desempleo. La experiencia histórica demuestra que las sociedades más florecientes son aquellas donde las instituciones democráticas funcionan sin cortapisas. “La democracia, afirma el premio Nobel de Economía, Amartya Sen, es el mejor medio para luchar contra la pobreza”.

En el caso nuestro, el deterioro de la calidad de vida de los nicaragüenses puede constatarse con solo consultar las tablas del Índice de Desarrollo Humano que publica el Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD). El último informe, correspondiente al año 2012, sitúa a Nicaragua en la posición 129 entre 187 países del mundo. Es la posición más baja entre los países latinoamericanos, salvo Haití.

No es suficiente equilibrar las cifras macroeconómicas y obtener buenas calificaciones con el FMI; lo importante es que la bonanza macroeconómica se refleje en la microeconomía, que es la economía de la vida cotidiana y la que tiene que ver con el bienestar de la población. “No es justo, escribe Juan Somavía, balancear las cifras macroeconómicas a costa de desbalancear la vida de la gente”.

Según el Banco Mundial, el 42 por ciento de nuestra población vive en situación de pobreza y el 12 por ciento en pobreza extrema. El porcentaje de pobreza se ha mantenido invariable en los años recientes, ya que no se ha logrado su reducción significativa. Analistas serios estiman en no más del 1.5 por ciento su reducción en los últimos años. La más importante fue la que tuvo lugar entre los años 2001 y 2009, de ocho puntos porcentuales.

La tasa promedio de crecimiento anual ha sido de 3.5 por ciento. Para el 2013 el BCN la estima en 4.2 y en 5 por ciento para el 2016. En tales condiciones, es muy difícil que Nicaragua logre en el año 2015 cumplir todos los objetivos de las metas del milenio. Para ello, necesitaríamos crecer a una tasa de, al menos, entre el 8 y el 9 por ciento anual. Limitándonos a la educación, es poco probable que logremos la universalización de la educación primaria y mucho menos que lo logremos con calidad, tal como lo establece el segundo objetivo de los retos del milenio.

En conclusión, los pilares del desarrollo humano sostenible y la reducción efectiva de la pobreza son: la existencia de instituciones democráticas, no corporativas como se está insinuando; un sistema educativo de calidad y pertinente, acompañado de un buen servicio de salud para la población. ¿Por dónde empezar? Andrés Oppenheimer, en su libro ¡Basta de historias! , opina que: “La clave de la reducción de la pobreza y el desarrollo humano no es la economía sino la educación”. Solo la educación nos permitirá ingresar en la economía del siglo XXI, que es la economía del conocimiento. Así lo entendieron tempranamente los países que tienen los mejores sistemas educativos del mundo, como son Finlandia, Singapur y Corea del Sur, entre otros. El autor es jurista, educador y escritor..

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