Te acercas a mi oído escondiendo tus intenciones
y exhalando un poco y muy cerca y muy suave …
me cuentas tus últimas ilusiones prohibidas
y no te alejas repitiendo tus confesiones…
Y comienzas a contarle a mi cuello, como si este oyera,
tus detalles como contándole un cuento.
Y regresas a mi oído para repetir el agradable relato
mientras una sonrisa insospechada se anuncia
y mientras cuentas, mi oreja fría y pálida
se vuelve hirviente con tonos de un fuerte rojo.
Y el periódico que sostenían mis manos
fue cayendo de hoja en hoja al piso
acompañado de mis intenciones de leerlo,
y la música que instantes atrás me invadía
calló aún sonando fuerte.
Ya mis oídos estaban llenos de ti
y la tarde de lectura se volvió de ternura
y pasé de la lectura al amor
y entonces canté mi propia música …
Ver en la versión impresa las páginas: 7 B
