Por experiencias en el jugar
sabe la gente aficionada
que con la bola ensalivada
resulta difícil batear
por eso, al pedirle una recta
todo el que sabe lanzar
puede la bola ensalivar
y el árbitro no lo detecta.
Mateo Muñoz como lanzador
conocía bien el truquito
de mojar la bola un poquito
convirtiéndose en ganador.
Durante todo un partido
había escupido su guante
estaba tan dominante
con solo un hit permitido,
Pero en la última entrada sintió
la bola no tan resbalosa
entonces llamó a Peñalosa
y un tiempo al juez le pidió.
El paracorto muy atento
dejó la segunda almohada
pensando en que una jugada
montarían en ese momento,
mas al llegar se asustó
por escuchar en tono de copla:
“Escupime en la manopla
que mi saliva se acabó”.
Ver en la versión impresa las páginas: 7 B
