Elízabeth Romero
El ingeniero Agustín Jarquín, considera que es una “afrenta” para la Policía Nacional conservar la Dirección de Auxilio Judicial (DAJ), en el sitio donde opera actualmente.
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En dos ocasiones diferentes, Jarquín fue “huésped”, como él le llama a la DAJ, conocida popularmente como “El Chipote”.
La primera vez que él estuvo allí fue en 1987 y conoció las celdas subterráneas, de las que muchos hablan, pero las autoridades se han negado a reconocerlo. A ese lugar no sabe cómo llegó pues relata que lo metieron con capuchas, pero recuerda que era un lugar oscuro, las celdas de metal y cemento y sucias en extremo.
Años después, por otro caso, cuando se desempeñaba como controlador de la República, Jarquín nuevamente fue recluido en esas mismas instalaciones, pero en las celdas de arriba.
“Parecían covachas en abandono, muy calientes”, rememora Jarquín, a propósito de que la Comisión Permanente de Derechos Humanos (CPDH) y una fundación cristiana pidieron en la Asamblea Nacional una ley para el cierre definitivo de la DAJ.
En la exposición de motivos del proyecto, señalan que los calabozos fueron construidos hace décadas por el somocismo para torturar a los opositores, y con el mismo fin fueron utilizados por el sandinismo en la década de los ochenta.
Actualmente hay denuncias de torturas y violaciones de derechos humanos ahí, pero la Policía lo niega.
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