Las cifras sobre el turismo en Nicaragua son contundentes. Según el informe anual del Instituto Nicaragüense de Turismo (Intur), el año pasado 1.23 millones de personas visitaron nuestro país, lo que generó el ingreso de un poco más de 400 millones de dólares. Lo anterior demuestra que esta actividad crece a pasos agigantados.
Ante este desarrollo vertiginoso de la “industria de la hospitalidad” urge la formación de profesionales con capacidad de gerencia global y liderazgo, adaptados a los cambios del entorno y comprometidos con el desarrollo de habilidades para dirigir y crear grupos de trabajo que fomenten la creatividad y el espíritu innovador basados en la cultura de la dirección eficiente y eficaz.
El compromiso de los nuevos profesionales del turismo deberá enfocarse en habilidades humanas, es decir, crear un clima de trabajo cálido, con excelente comunicación, liderazgo y sentido común para enfrentar situaciones difíciles. De igual forma este profesional deberá poner en práctica habilidades técnicas con amplio conocimiento de la organización, sus recursos y capacidades para el correcto funcionamiento.
Otra habilidad que deberá asumir el nuevo profesional del turismo es la conceptual, puesto que le permitirá conocer y vincularse con la realidad exterior de la empresa impulsando estrategias competitivas. Las empresas cada vez más están interrelacionadas y hacia esa lógica deben dirigirla los verdaderos líderes. Por ello es fundamental el manejo de diversos idiomas y tecnologías de la información y comunicación.
Los nuevos profesionales del turismo se desarrollan en empresas globales que apuestan a la calidad de sus productos y servicios. No cabe la menor duda que las empresas turísticas mejoran el nivel de vida de las personas, por ello los profesionales que las lideran deben estar preparados, adaptándose a los cambios del entorno y gestionando eficientemente los recursos productivos.
Tristemente algunas organizaciones del turismo están siendo dirigidas por directivos con modelos arcaicos que implementan estilos del trabajo bajo la lógica de solo mandar, dirigir y controlar. El directivo de hoy, debe estar consciente de la trascendencia que representa la elección correcta de los objetivos de la empresa, de sus áreas de trabajo y la implementación de programas que hagan cumplir dichos objetivos de forma permanente. Su gran tarea es planificar, organizar, dirigir y controlar con liderazgo auténtico.
A propósito del tema de liderazgo, no lo debemos confundir con carisma. Como lo expresa el especialista Drucker (2003), es peligrosa esa confusión, puesto que el carisma puede caer en el fanatismo, el que siempre se aleja de los valores y la coherencia práctica de las organizaciones. Tampoco debemos creer que el líder nace; aunque desde la juventud los directivos muestren esos dotes, el liderazgo se construye con formación permanente, entrenamiento y manejo directriz.
Los líderes del turismo deben darle oportunidad a otros líderes dentro de sus organizaciones, de tal manera que se constituya un sistema de liderazgo que dirija a los colaboradores hacia metas más exigentes. No estamos hablando de que los líderes deben manipular, sino más bien, empoderar a su equipo.
Estamos en la era del conocimiento por ello el compromiso de las universidades es formar profesionales del turismo capaces de enfrentar esos retos. Como lo expresa F.J Palom “El liderazgo es la capacidad de las personas de elevar el punto de mira e incrementar la capacidad del trabajo”. Ese es precisamente el profesional del turismo que deben formar las universidades.
La tarea no es fácil pero la sociedad lo demanda. Llegó el momento de formar los verdaderos líderes del turismo.
La autora es Estudiante de Turismo y Hotelería, UCC
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