Eduardo Lovo
Existen pocas enfermedades más temidas que un tumor cerebral, de hecho así está catalogada en algunos textos de la especialidad. Su reputación está bien fundada, algunos tumores suelen ser agresivos tanto en niños como en adultos, los cuales pueden asociarse a muerte o a discapacidad severa. A pesar que desde sus inicios la especialidad de neurocirugía siempre ha lidiado con tumores, no es hasta las últimas décadas en las cuales empieza a cobrar mayor fuerza la neurocirugía-oncológica (tumores). Esta subespecialidad se caracteriza por premisas claras, salvar vida o función cuando es posible, mejorar la calidad de vida en todos los pacientes que trata, maximizando una resección (quitar o extraer) tumoral segura, es decir sin ocasionar daños adicionales al paciente.
El cerebro humano es la estructura más compleja que se conoce en el universo, es capaz de pensamiento abstracto, amor, almacenaje de memoria, etc. En fin, es la razón por la cual soy capaz de escribir este documento y porque el lector es capaz de interpretarlo. Nadie dijo que operar en él sería fácil.
Las últimas dos décadas han sido de inmenso desarrollo tecnológico en todos los sectores y en neurocirugía no ha sido diferente. Así como hoy gozamos de tener en la palma de nuestras manos teléfonos inteligentes, de igual manera han surgido quirófanos “inteligentes” que, por medio del uso de las computadoras, guían al cirujano por vía de corredores seguros en el cerebro para poder quitar con seguridad los tumores que sin esta tecnología son considerados por muchos “inoperables”. Las computadoras en quirófano cada vez se están viendo más y más en nuestros países a pesar de los escasos recursos económicos que caracterizan a nuestra área centroamericana. El Salvador ha sido un ejemplo de ello, a pesar que su economía se encuentra rezagada en comparación al resto, en los últimos cinco años ha incorporado prácticamente toda la tecnología disponible que existe en el mundo para operar el cerebro con la máxima seguridad, acortando la estadía hospitalaria de los pacientes intervenidos a apenas 2.4 días y posicionándose como uno de los países más avanzados en donde se practica la neurocirugía. Yendo un paso más allá, ¿qué tal si pudiéramos lograr lo mismo o más que un bisturí, sin dolor, sin incisiones, sin anestesia y de una manera totalmente ambulatoria en la cual el paciente estuviera almorzando con sus familiares ese mismo día? Ahora esto es posible gracias a un Bisturí de Rayos Gamma, la máquina más precisa del mundo para Radiocirugía, que destruye tumores utilizando radiación altamente focalizada, su precisión es tal que puede mejorar los síntomas del parkinson, depresión mayor, trastornos obsesivos compulsivos entre otros. El Salvador ha sido el primer y único país de la región en instalar un bisturí de Rayos Gamma.
Cuando intento visualizar cómo serán los quirófanos dentro de veinte años, los veo más como un cuarto en donde se alberga un Bisturí de Rayos Gamma, cuartos con computadoras que lo controlan, áreas libre de dolor y sangre libres de invasión para los pacientes, haciendo los procedimientos absolutamente seguros para los pacientes. Claramente hace falta mucho para llegar hasta allí, pero lo que sí es cierto es que el avance tecnológico está permitiendo en nuestro país que una de las enfermedades más temibles por el ser humano ya no se vea tan amenazante, en donde médicos de muchas especialidades se unan para dar respuestas a los retos más grandes de la medicina moderna.
El avance médico en nuestros países ocurre por dos vías únicamente: Una, el médico tiene el deseo que sus pacientes respondan mejor al tratamiento y la otra vía es porque el paciente informado busca presionar a los médicos para que los adelantos ocurran. Al final es una mezcla de ambos, pero la participación del paciente es fundamental, como yo suelo muchas veces decir a mis pacientes: “Un paciente bien informado tiene menos dudas. Al tener menos dudas, hay menos temor; al haber menos temor, hay más fe y, al tener más fe, hay más posibilidades de éxito”.
El autor es neurocirujano-oncólogo, director del Centro Internacional de Cáncer y del Instituto de Neurociencias del Hospital de Diagnóstico de El Salvador.
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