La paranoia es una enfermedad profesional de los dictadores y gobernantes despóticos de toda clase, países y épocas de la historia.
Según la psiquiatría, la paranoia es un trastorno mental que se caracteriza por la fijación en la mente de la persona, de una idea o conjunto de ideas obsesivas autorreferentes, o sea referidas al individuo que padece la perturbación. Se manifiesta dicha anormalidad en delirio de persecución y, en el caso de los dictadores y déspotas, en el temor obsesivo a sufrir atentados contra sus vidas y sus gobiernos por lo cual se protegen con exagerados aparatos de seguridad personal.
Tal es, por ejemplo, el caso de Nicaragua, donde la paranoia gubernamental se manifiesta en los enormes sistemas de seguridad que rodean al presidente inconstitucional. Y sobre todo en Venezuela, donde la paranoia del presidente Nicolás Maduro llega a extremos ridículos.
Según un recuento hecho por el diario español ABC, en apenas cuatro meses, desde abril del presente año cuando se proclamó presidente de Venezuela tras una elección que fue denunciada como fraudulenta por la oposición, hasta agosto recién pasado, Maduro había denunciado diez supuestas conspiraciones contra su vida y su gobierno. Pero en ningún caso aportó ni la más mínima evidencia de que fuera cierto que se estaban fraguando tales atentados.
Ahora ya son 11 las supuestas conspiraciones denunciadas o inventadas por Maduro, quien el jueves de esta semana aseguró por medio de una obligada cadena de radio y televisión que no fue a Nueva York para participar en la 68 Asamblea General de las Naciones Unidas, porque allí se estaban preparando atentados contra su integridad física.
Según el extravagante presidente populista de Venezuela, quien dice comunicarse con pajaritos en los que reencarna el difunto Hugo Chávez, en Nueva York se estaban montando dos graves provocaciones contra su vida. Acusó a los diplomáticos y académicos estadounidenses Roger Noriega y Otto Reich de estar detrás de esos supuestos atentados, e incluso, con un lenguaje enrevesado involucró al presidente Barack Obama asegurando que este “podría no conocer los preparativos del atentado, pero en el fondo sí los conocía, aunque no habría actuado dada su debilidad política”.
Sin embargo, el líder democrático venezolano Henrique Capriles salió al paso de Maduro y no solo puso en duda su denuncia sino que aseguró de plano que nadie puede creer esa ridiculez; y lo retó a que dijera la verdad acerca de la verdadera razón por la cual no viajó a Nueva York.
Capriles se refería a las informaciones que dio a conocer el periódico ABC, de España, reproducidas por innumerables medios de comunicación en todo el mundo, de que al avión de Cubana de Aviación en el cual viajaba Maduro con una nutrida delegación de 120 personas, no se le autorizó entrar en Estados Unidos porque en la lista de pasajeros que presentó el gobierno venezolano había varios reconocidos agentes del régimen comunista cubano.
Por supuesto que Maduro no reconocerá la verdad ni presentará ninguna evidencia del atentado que supuestamente Noriega y Reich preparaban en Nueva York. Se trata de un típico caso de paranoia del poder, o una estratagema de alguien que pretende ocultar y justificar con malos cuentos de ficción su evidente incapacidad para gobernar.
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