De cómo los güises pueden curar

Orlando J. Icaza Gallard

El otro día escribí sobre el chocolate, que se elabora a base del cacao, un producto natural que produce en abundancia nuestra bendita Nicaragua. Ahora quiero hablarles sobre el chile. Sí, ese picante que se come en nuestras comidas diarias y que se produce naturalmente siendo en la mayoría de los casos, ese pajarito llamado güis el que lo disemina y cultiva ya que casi nadie lo produce industrialmente.

Pariente bien cercano del tabaco pues pertenece a la familia de las solanáceas (como los tomates, y las papas), tiene efectos analgésicos, anticancerígenos y antioxidantes. Algunos de los cuales ya están siendo explotados en el mercado de los farmacéuticos debido a su alto contenido (en el picante) de una proteína llamada capsaicina.

Según publicaciones recientes en el Journal Annals of Neurology (mayo 9, 2013), parece ser también un excelente preventivo del mal de Parkinson debido a su alto contenido de nicotina, la sustancia química esencial del tabaco. Reduce, según el artículo, en un 30 por ciento la probabilidad de desarrollar la enfermedad de Parkinson si se consume aproximadamente dos veces por semana.

Lo fascinante está en que la enfermedad del Parkinson está relacionada con el Alzheimer pues en ambas existe una proteína deformada llamada prion que contagia a otras sin ser agentes bioinfecciosos y que al acumularse causa efectos neurológicos devastantes. Los priones existen naturalmente en nuestro cerebro, pero por razones poco entendidas hasta el día de hoy alteran su forma tridimensional provocando un prion enfermo que se acumula degenerando a las células normales (entre las posibles causas de este fenómeno se menciona al mercurio —contenido en muchas vacunas o en peces contaminados— a los insecticidas organofosforados tan abusados en el occidente de Nicaragua y a los altos niveles de manganeso y abuso de los frijoles en la dieta, causantes de la locura manganesia una locura novelesca).

Los priones fueron descubiertos en 1960 por los doctores Alper y Griffitth y purificados por el doctor Prusiner en 1982, que fue calificado de “Doctor cucu” cuando reafirmó que el prion no necesitaba el ADN para transmitirse y por lo que luego en 1997 le tuvieron que otorgar el Nobel de Medicina. Esto último, debido a que los priones se tuvieron que estudiar con más detalles gracias a la enfermedad de las vacas locas que devastó económicamente a Inglaterra y causó pánico en la sociedad europea.

Entre otras enfermedades causadas por priones anormales están las llamadas encefalopatías espongiformes transmisibles entre las que están la enfermedad Creutzfeld Jakob y el kuru-producto del canibalismo cerebral, otra enfermedad de características novelescas, entre muchas otras.

Estas enfermedades que no necesitan de DNA para transmitirse y son contagiosas han abierto un nuevo mundo científico violando y contradiciendo las leyes hasta ahora entendidas de la medicina tradicional.

Es por esto que el tema toca también a la metafísica.

¿Cuantas proteínas necesita nuestro cuerpo para funcionar bien? Miles, quizás millones. Para que estas funcionen bien necesitan tener una estructura tridimensional bien formada. Cualquier cambio en esta estructura produce una proteína anormal con su consecuente enfermedad. Ahora, ¿cuántos cambios estructurales puede tener una proteína? Infinitos. Y por lo tanto podemos, en teoría, tener infinitas enfermedades. La medicina solo ha descubierto unas cuantas que hasta el momento tienen a los científicos con la boca abierta e impotentes. Ya mencioné algunas que tienen que ver con nuestro cerebro; pero las hay también del corazón, los músculos, huesos y otras partes.

Estamos pues empezando a abrir otra puerta donde todo lo que se ve adentro todavía está oscuro; pero a la vez estamos empezando a iluminar hacia adentro usando medicamentos extraídos de plantas que abundan en nuestra naturaleza y que son también infinitos en una carrera contra y a favor de la inmortalidad donde el chile, ese picante de nuestra comidas, es apenas un candil débil que comienza a darnos luz en esa oscuridad. Y he allí su importancia y futuro pues es a nivel de ese prion enfermo donde el chile parece actuar. Así que quizás no estamos hablando solo de prevenir la enfermedad del Parkinson, sino también otras enfermedades complejas como el Alzheimer.

¿Tendrá de nuevo Nicaragua con sus tierras fértiles y abundancia de este fruto maravilloso donde solo nuestros pájaros y en especial el güis —quienes por encargo natural lo diseminan por todas partes— la función de mejorar nuestra existencia?

Son cosas de la metafísica, de la filosofía y de que estemos preparados para cultivarlo y consumirlo.

Paremos pues de agredirnos entre hermanos, de envidiarnos y codiciarnos. Paremos de violentarnos por razones de políticas inverosímiles y pensemos más en que tenemos un país bendecido y dejemos que nuestros chiles y güises llenos del amor de Dios nos traigan salud, bienestar y paz.

Y, ¿por qué no? Quizás encontrar el camino tan buscado de la inmortalidad. El autor es Médico y Cirujano.

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