LA DICTADURA NO PUEDE OCULTAR LA VERDAD

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desde que nuestras instalaciones fueron tomadas y nuestro gerente general Juan Lorenzo Holmann fue detenido.

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Alejandro Serrano Caldera

El debate ante la crisis

El debate contemporáneo ante la crisis mundial ha tenido planteamientos diversos a través de la reflexión de pensadores que han enfocado el problema en diferentes libros, tales como El occidente globalizado , de Gilles Lipovetsky y Hervé Juvin; Después de la crisis , de Allain Touraine; Miedo líquido y Mundo consumo de Zygmunt Bauman, entre otras obras que aportan, en la pluralidad de visiones, una riqueza conceptual de mucho valor para desarrollar la reflexión sobre un tema de interés universal y que, por lo mismo, sobrepasa el alcance de las crisis coyunturales y específicas, por importantes y significativas que estas sean.

Desde mi punto de vista me permito considerar que la crisis del mundo contemporáneo, a través de múltiples factores que inciden sobre ella, se manifiesta, sobre todo, en la ruptura entre los elementos que hasta hace poco, en medio de sus múltiples contradicciones, han constituido la estructura social, cuya articulación fue consecuencia de un proceso en el que fueron integrándose las diferencias y compatibilizándose las contradicciones.

El pensamiento de John Maynard Keynes, como respuesta a la crisis de 1929, fue un factor muy importante ante la configuración de ese mundo que sustituía al del “capitalismo salvaje” y del liberalismo económico, caracterizado, entre otras cosas, por el absolutismo de mercado y el abstencionismo de Estado.

Los valores jurídicos, éticos y filosóficos y las realidades prácticas de esa sociedad alternativa que se expresaba en el Estado Social de Derecho y la economía social de mercado, debieron enfrentarse a la barbarie totalitaria del nazifascismo, de cuya confrontación en la Segunda Guerra Mundial salieron fortalecidos, no solo por los resultados de la misma, sino, además, por su consolidación en el plano filosófico, político y jurídico.

De alguna manera una nueva reafirmación se dio también frente a la crisis que produjo el derrumbe del comunismo en 1990, aunque a partir de ese momento, la contradicción principal ya no sería externa, sino interna, dentro del capitalismo corporativo transnacional y el sistema financiero especulativo, que habían sustituido, desde los años setenta del siglo pasado, al sistema financiero, económico y político, surgidos como respuesta a la crisis del 29 y 30 del siglo XX.

La ambición irrefrenable produjo la instalación de dogmas financieros, orientados a la especulación sin control y a la acumulación de riquezas, sin importar los medios utilizados para alcanzarla. El fin justifica los medios. La idea de Maquiavelo, enunciada para la política en el siglo XVI, se incorporó como norma de conducta implícita a la actividad financiera de fines del siglo XX y de lo que va del siglo XXI.

Este sistema, que ha pretendido servir de cauce a lo que se ha denominado el neoliberalismo y la globalización, ha entrado en crisis, al menos como modelo de desarrollo, originando, sin embargo, junto a la incertidumbre y el vacío, la oportunidad de crear una nueva forma de organización social, política y económica, diferente de aquella del totalitarismo financiero, marcado por la corrupción que produce la ambición de riquezas sin límites ni fronteras, y el daño ocasionado a la democracia, al Estado Social de Derecho y a la ciudadanía. Lo que se denominó neoliberalismo no ha funcionado como el marco ideológico dentro del cual se pudiera justificar el sistema financiero especulativo. Por otra parte, la inmigración y la “diáspora” han sido quizá, junto con la formación de las llamadas “poblaciones mixtas”, una tendencia significativa y una característica de la sociedad contemporánea.

Un rápido análisis de las causas de la crisis nos revela en sus efectos, evidenciados en la crisis inmobiliaria, hipotecaria y financiera del sistema, la ruptura entre una serie de referentes, cuya composición e interrelación daban forma a la estructura del mismo.

Así puede señalarse como una de las causas, la ruptura entre el Estado, la economía y la sociedad, por la desregulación de la actividad económica y financiera, frente a la cual, el Estado y las instituciones jurídicas y políticas quedaban al margen y sin posibilidad de ejercer una función reguladora en aras de la responsabilidad social y el bien común. La absoluta libertad de mercado y de especulación financiera subordinó al Estado y a la sociedad, a sus decisiones y acciones, de cuyos intereses el sistema político aparecía como guardián, encargado de proteger una falsa libertad, que era más bien libertinaje, irresponsabilidad y corrupción, y que hizo pensar, y decir, a algunos de sus ideólogos, que nos encontrábamos ya en la era de la post política y de la post sociedad, pues todo estaba absorbido por el mercado absoluto y la especulación financiera.

La puesta en práctica de esas ideas llevó al colapso del sistema, pues desde su sola configuración teórica quedaban en evidencia las causas que producirían los efectos de ruptura y desestructuración, los que afectan a la sociedad mundial contemporánea y proyectan sus consecuencias en las fracturas que se dan entre pensamiento y acción, tecnología y realidad, entre otras.

¿Cómo adecuar el sistema financiero, el sistema institucional, la política y las transformaciones cualitativas producidas por la revolución tecnológica? ¿Cómo enfrentar el problema del empleo en una sociedad en donde la mano de obra ha devenido cada vez más superflua? ¿Cómo reordenar una sociedad en la que los medios se han transformado en fines (la tecnología) y los fines en medios? (El ser humano y la sociedad). ¿Cómo tratar el problema de un sector no irrelevante de la población que no puede incorporarse al contexto de la sociedad actual, constituyendo un segmento irreductible a la misma?

Estas son, entre otras, las graves interrogantes que enfrenta la sociedad contemporánea y sobre las cuales no existen soluciones inmediatas ni fórmulas mágicas para responderlas, pues “no hay soluciones simples para problemas complejos”, sobre todo cuando se enfrenta una situación que se caracteriza más que por “cambios en el mundo”, por un “cambio de mundo”.

No obstante, en medio de la complejidad, surge como un imperativo la necesidad de restablecer, ante todo, los derechos y dignidad del ser humano, individual y colectivamente considerado; que la persona es el fin de todo proceso histórico y social y que los instrumentos, tecnológicos y cibernéticos, por muy avanzados que sean, son instrumentos y medios al servicio del desarrollo humano y de los valores que este conlleva.

Junto a esos requerimientos éticos y filosóficos surgen a la par los desafíos locales y globales a la política, la necesidad de una nueva política con nuevos contenidos y una misión específica: restituir a la voluntad y decisión del ser humano, la responsabilidad de la existencia social y de la convivencia digna.

Se trata del concepto y ejercicio de una política que ha recuperado su sentido y dignidad, que ha tomado conciencia de los graves problemas de nuestro tiempo y de la necesidad de ser enfrentados mediante la búsqueda de consensos que den forma a un nuevo contrato social que siente las bases de la sociedad de hoy y de mañana.  

El autor es jurista y filósofo nicaragüense.

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