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Su nombre lo indica. Poemas de la noche, que se hacen recuerdo nostálgico, evocación amorosa, cavilación reflexiva, temor del vacío sin ella y en la incertidumbre del futuro más allá de esta vida, más allá de la compañía femenina. Se cruzan dos sentimientos y pensares: este mundo al que ella, la mujer amada, le da su íntimo sentido y el otro, el desconocido, el más allá infinito.
(I). El tema de la noche “impávida” al insomnio del recuerdo amoroso. Un sueño en “hilillo”, difícil de conciliar, “vence al pertinaz insomnio”. Sufre la noche y madrugada sin ella. Se hace larga y fría. “¡Qué larga es sin ti la noche / y cuán fría la madrugada!”.
(II). El leit motiv de la sección, la noche, simboliza la falta del ser amado. Imágenes clásicas de esa simbología: “noche cerrada” (San Juan de la Cruz). Se asemeja la congoja con ese fuego íntimo que siente hambre de amor, como es la gran poesía del Santo enamorado de Dios. “Sin estrellas”, “huérfano de luna”: Es el ciclo de las parejas que se aman y de tanta poesía de amor. “Sin promesa de amanecer”.
(III). Despliega otra metáfora que vincula el recuerdo con la naturaleza aérea: “tu recuerdo / me llega en bandadas”. Alusión a la vida pajarera. Aquí hay matices de belleza, elevación, matices de sentimiento y naturaleza que se vuelven poesía. Esta penetra en las cosas y adivina su misterio.
(IV). Siente la ausencia de ella en la falta de sosiego, de tranquilidad. Solo, “íngrimo”, todos los ruidos en el silencio de la noche son perceptibles. Contrasta con la “respiración tranquila” y los “sueños de seda” de su pareja que le servían en su compañía como elixir tranquilizante. De nuevo Darío. La orfandad de los poetas, por diferentes o comunes motivos, se manifiesta en su palabra creadora que también sirve de catarsis. El Maestro Tünnermann, gran conocedor y estudioso del Padre de nuestras Letras, se vuelve nocturnal en estos versos que nos recuerdan en algo el ambiente de ingrimidad de los nocturnos darianos.
(V). Temor de perderla en la visión de ella dormida, descansando. Son cavilaciones del ser enamorado que reflexiona frente a la imagen femenina bienamada y piensa estremecido en la otra imagen, paralela, de la inamovilidad eterna: la muerte. De ahí las palabras premonitorias:” Yo me angustio ante el abismo / de un sueño infinito ”.
En estos versos y en otros que vimos y veremos de este singular poemario producto de una mente pensante y sintiente, la lección profunda y existencial de la palabra rubeniana es intertexto que cubre a toda la poesía nicaragüense.
Y así, en medio del sentimiento amoroso, nostálgico, de la mujer adorada, la noche también se vuelve soledad, sufrimiento y cavilación angustiada frente al futuro, recordándonos aquellas “reflexiones sobre la propia vida, sobre el propio destino” del más célebre poema de Darío, “Lo fatal”: “y sufrir por la vida y por la sombra y por / lo que no conocemos y apenas sospechamos”.
Ver en la versión impresa las páginas: 7 B
