Es importante insistir en no mantener un maniqueísmo político, y más importante reconocer que ninguna de las opciones ideológicas que han gobernado el país, está exenta de errores y de la marca del autoritarismo. El caso es que no podemos caer en la ingenuidad de no aprovechar los pocos espacios de libertad de expresión que han sobrevivido en el orteguismo, para sentar nuestra posición frente a la reelección de facto y la obsesión de poder.