Chester Membreño
Es importante insistir en no mantener un maniqueísmo político, y más importante reconocer que ninguna de las opciones ideológicas que han gobernado el país, está exenta de errores y de la marca del autoritarismo. El caso es que no podemos caer en la ingenuidad de no aprovechar los pocos espacios de libertad de expresión que han sobrevivido en el orteguismo, para sentar nuestra posición frente a la reelección de facto y la obsesión de poder.
La sinceridad política construye democracia. No me parece sincero que intelectuales que en los años ochenta fueron parte del totalitarismo represivo del sandinismo, ahora no se tomen al menos un segundo de actitud autocrítica y “mea culpa” sincero, para reconocer los garrafales errores cometidos en aquella era. Ahora que se definen demócratas, estos insignes intelectuales agrupados mayoritariamente en el grupo político MRS se ensañan en señalar a los Somoza de todos los males habidos y por haber en nuestro país, y son incapaces de hacer lo mismo con la dictadura de la que formaron parte.
En el liberalismo, las élites posteriores a Walker pagaron el costo de este episodio, lo que no les impidió realizar sus esfuerzos para fomentar una cultura moderna. Con este fin promovieron la secularización a través de las escuelas públicas, leyes cosmopolitas y rituales cívico-sociales. Imitando a los Estados Unidos, apoyaron el surgimiento de una prensa independiente y de sociedades académicas, culturales, sociales, científicas y organizaciones gremiales que fortalecieron la independencia cívica.
Los liberales debemos tener la capacidad de reconocer que si bien es cierto, nuestro general y presidente José Santos Zelaya fue un gran reformador, fue un exceso autoritario la expulsión por motivos políticos de los sacerdotes jesuitas y religiosos católicos a quienes persiguió con crueldad (muchos agradecemos haber recibido educación universitaria y jesuita de calidad). Los evangélicos fueron perseguidos, llamados masones y sectas, discriminados durante los gobiernos conservadores, sin embargo ellos le decían dictador a Zelaya, quien con el estado laico (Constitución Política de 1893) dio los primeros pasos para finalizar la discriminación religiosa. El avance económico, social e infraestructura de Zelaya fue fenomenal.
Por su lado, los conservadores claman sus treinta años de sucesión presidencial como su mejor epopeya, al establecer una sucesión democrática, algo que fue similar a la llamada “dictadura perfecta” del PRI de México que durante setenta años gobernó sustituyendo presidentes, manteniendo intacto el sistema. Criticamos a Somoza como dictador y omitimos decir que los conservadores y el capital empresarial sostuvieron al régimen, fueron los mejores cómplices de Somoza, en el pacto de los generales, y el kupia-kumi, sin los cuales el régimen no hubiera sido posible.
También Somoza falló, gobernando como militarista respondió como civilista, negoció, y con terroristas no se negocia. Los episodios del secuestro en la casa del ministro José María Castillo, Palacio Nacional y la liberación de los reos condenados por delitos comunes y terrorismo, Daniel Ortega, Tomás Borge, Humberto Ortega, Lenín Cerna, fueron capítulos de éxito determinantes en la táctica político-militar del sandinismo con su patrocinio del castrismo cubano, dando pie a la captura de Nicaragua por el comunismo internacional. Como toda obra de hombre, la democracia nunca será perfecta.
El autor es abogado y notario público.