El francés Franck Ribery levanta pasiones en Marruecos, donde el sábado disputará la final del Mundial de Clubes. Sus compañeros y su entrenador lo elogian. El público local lo endiosa.
“Los marroquíes están haciendo un bonito Mundial de Clubes. Queríamos pasar a la final en Marrakech y jugamos con seriedad contra el campeón de Asia. En la final jugaremos con la misma concentración y seriedad”, advirtió.
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“Es un honor para mí poder entrenar a Franck. Es increíble. Tiene corazón. Trabaja mucho, sigue a su rival y corre varios metros hacia atrás para que el adversario no pueda salir”, afirmó el técnico del Bayern, Pep Guardiola, tras la semifinal ganada el martes al Guangzhou Evergrande chino (3-0).
En ese partido, Ribery no se dejó ver hasta el minuto 40, en el que marcó el primer gol. Le llegó un balón suelto en el área y anotó de disparo cruzado. Hasta ese momento, el francés solo se había ilustrado con un tiro libre que se marchó alto.
Marcello Lippi, el técnico del equipo chino, había cerrado la zona izquierda donde se movía Ribery, sin dar muchos posibilidades al francés, pero eso no impedía que el público marroquí lanzara exclamaciones de admiración cuando agarraba la pelota.
Cada vez que los jugadores del Bayern salen del hotel o van al estadio, los aficionados marroquíes se arremolinan alrededor de Ribery en busca de una foto con él, algo que incluso ocurrió en la primera rueda de prensa que dio el jugador en el país, con los periodistas locales en busca de un recuerdo con el francés, olvidándose del portero Manuel Neuer, que le acompañaba ante los medios.
Franck Ribery, nacido hace 30 años en Boulogne Sur Mer, se convirtió al Islam en febrero de 2006. Se mostró feliz de estar en Marruecos en aquella primera rueda de prensa en Agadir.
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