Con el comienzo del año escogemos tres puntos en el planeta que pueden estropear los planes de paz. El Cáucaso, Ucrania y la disputa China-Japón por las islas Senkaku, situadas en el mar de la China Oriental.
El Cáucaso: los Juegos Olímpicos de Invierno, que se celebrarán a partir del próximo 7 de febrero en la ciudad rusa de Sochi, tienen la amenaza terrible del terrorismo. Los últimos atentados ocurridos en Volgogrado (antiguo Stalingrado) en un trolebús, y los más de las 800 víctimas causadas principalmente por las “Viudas Negras”, las llamadas “Shahidkas” por los “Shahid”, los mártires del Islam han dejado en claro que la publicitada pacificación del Cáucaso es ilusión. Rusia ha puesto todo su prestigio en estos juegos, ha gastado un enorme presupuesto y como dicen: “se le puede quemar el pan en la puerta del horno”. La rabia y la impotencia son el fermento para que esto ocurra. Muchas de estas personas, que se convierten en bombas humanas, han perdido maridos, hijos, hermanos o algún ser muy querido, su respuesta es tan dramática como lo que han sufrido, y esto hay que entenderlo y es semillero de crisis y de terror.
Ucrania: durante cinco años este país ha venido negociando con la Unión Europea un Acuerdo de Asociación, que casi al momento de ser firmado fue suspendido por el presidente ucraniano Viktor Yanukovich, como efecto de las presiones rusas. Rusia ha ofrecido rebajar el precio del gas y la compra de bonos del gobierno ucranio por un valor de 15,000 millones de dólares.
Una serie de manifestaciones pacíficas multitudinarias (más de medio millón de personas) han sacudido a Kiev desde el 21 de noviembre del pasado año. Como lo dice la periodista del Washington Post, Anne Applebaum: los ucranios se debaten entre el choque de dos civilizaciones, una sociedad regida por sus instituciones y el imperio de la ley o una sociedad arbitraria y en donde el despotismo y la corrupción son la moneda de curso.
En el fondo el pueblo de Ucrania lo que pide es un nuevo pacto social, en donde la dignidad humana dicte las relaciones entre el Estado y los ciudadanos, quieren una sociedad abierta; por eso ni la Unión Europea ni los Estados Unidos pueden darle la espalda a Ucrania, y por ahí podría provocarse una nueva crisis.
La disputa China-Japón: Todo análisis debe de partir del hecho histórico de las dos guerras libradas por estos países. La primera guerra chino-japonesa de 1894 y la segunda de 1937 a 1945 en la que China llevó la peor parte. Con una China convertida en la segunda potencia mundial, y un Japón que depende para su defensa de los Estados Unidos como consecuencia de la Segunda Guerra Mundial, el rearme japonés es una amenaza latente.
El anuncio unilateral del gobierno de China, de declarar “una nueva zona de edificación de defensa aérea” en una extensa área de superposición entre las zonas de defensa de China y Japón, plantea la posibilidad de un conflicto que puede ser provocado tanto en el aire como en el ámbito marino. La respuesta japonesa no se ha hecho esperar. Por primera vez en 11 años Japón ha aumentado su presupuesto militar y ha elaborado un catálogo de sus necesidades militares, a corto plazo, para frenar el expansionismo chino.
La reciente visita del primer ministro japonés Shinzo Abe, y la del ministro Interior de Comunicaciones, Yoshitka Shindo, al Santuario de Yasukum (símbolo del imperialismo nipón), donde se rinde homenaje a los soldados japoneses caídos incluyendo varios criminales de guerra japoneses en la invasión de China, durante la Segunda Guerra Mundial, ha desatado la cólera de Pekín y la condena de Washington. La situación es delicada, muy delicada. Así están las cosas en nuestro planeta, con estos augurios empezamos un año nuevo.
El autor es abogado.
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