Con El Anticristo y el Crepúsculo de los dioses , Federico Nietzsche (1854-1900) cierra la trilogía del siglo XIX, para dar comienzo a la filosofía contemporánea: De la modernidad y posmodernidad, incidiendo en la psicología Freudiana, en la sociología de Max Weber, en la teología y filosofía, con autores tales como Thomas Mann, Herman Hesse, Jean Paul Sartre, André Malraux, Heidegger, Bernard Shaw, Stefan George, etc.
En el curso de sus observaciones psicológicas, Nietzsche gradualmente llega a concluir que todo comportamiento humano podría reducirse a un solo impulso: el del poder.
Lo que el hombre más desea es gobernar sobre sí mismo, ser creador, cuando falla en esta empresa, busca gobernar ya no sobre sí mismo, sino sobre otros.
El primer pilar fundamental en Así hablaba Zaratustra es la idea del superhombre, como reto y no como predicción, pero esta idea va firmemente unida al crear, el hombre creativo, y no conformista; es una antítesis del concepto cristiano del tiempo y de la historia.
Zaratustra abandonó su patria a los treinta años, y se fue a la montaña por espacio de diez años, a su cueva, la primera exclamación retadora fue al Sol: ¿Qué sería de ti, y a quien iluminarías sin nosotros?
Bajó de la montaña, encontró a un viejo y curtido campesino, quien le hizo algunas preguntas. Al despedirse Zaratustra pensó: y este hombre me habla de Dios, ¿acaso no sabe que Dios ha muerto?
Nietzsche habla en ochenta relatos en sus arengas a los poblanos en forma alegórica: si Dios murió es que existió, no es muy claro en ese tema, aunque poco a poco se va tornando pragmático y radical en la obra, que sigue siendo poco comprendida, excepto en lo que llamó pilares fundamentales.
El crear es propio del superhombre, el hombre es una cuerda o puente entre el mono, los gusanos y el superhombre, explicaba Zaratustra a los lugareños: ¿piensan seguir así sin crear?
En este concepto, Nietzsche deja entrever su certeza en la evolución de las especies, y las leyes de la selectividad natural.
Este es el pivote real del pensamiento de Nietzsche: el hombre creador.
Hay otro concepto que va con el hombre creador y que todavía hay personalidades que no la digieren, y es el concepto de la moralidad, entendiendo la moral como la imposibilidad de un código moral universal; toda moral era, para él, vivir con las propias pasiones, pues gente diferente tiene pasiones diferentes.
Una cosa es necesaria, para que el ser humano obtenga la satisfacción de sí mismo: quien está descontento de sí, tratará de vengarse, y otros seremos las víctimas; no predicó la indisciplina, al contrario, insistió en la obtención de una larga y dura disciplina, con la cual, aquello, que da significado a la vida: la virtud, el arte, la música, la razón, y el espíritu.
Su amoralidad fue principalmente un inconformismo, y esta palabra la escogió, porque “moral” es sinónimo de conformismo, en el código social.
Otro concepto que constituye pilar fundamental es lo que llamaríamos la unidad circular del ser, es decir, el devenir en forma circular y no lineal, como en la escuela presocrática: “Todo se va y vuelve, eternamente gira la rueda del ser, todo muere todo resucita, todo se desintegra y se reintegra”.
El autor es médico.
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