Adolfo Bonilla
Algunos ciudadanos les piden caras nuevas a los partidos políticos de oposición, lo cual de por sí no significa mucho, especialmente si esos rostros nuevos siguen actuando igual que sus antecesores: sin grandes objetivos, sin estrategia, sin mística, sin credibilidad.
¿De qué serviría si aparecen nuevas figuras que repiten los mismos errores y se comportan de la misma manera que los desgastados arquetipos que sustituirían? Sería algo así como “la misma mona con distinto rabo”.
Lo que sí es urgente es que los que integren la oposición al régimen sectario y autoritario del momento realicen una revisión a fondo de lo que son y de lo que quieren ser y representar ante el desafío histórico que se presenta en Nicaragua.
El orteguismo-murillismo ya tiene todo tramado y trazado, mientras que sus opositores insisten en presentar la misma faz ante tantos cambios demoledores que se han venido tejiendo.
De ahí que es obvio que lo que se necesita en el flanco opositor es una nueva actitud ante tremendo reto que tiene delante de sí, diseñar una nueva forma de hacer política frente al monstruo bicéfalo que amenaza la estabilidad del pueblo, elaborar una nueva forma de organización y acción a lo largo y ancho del país, y especialmente adquirir un inflexible compromiso con la historia.
Esto incluye dejar de buscar un líder que los guíe, ya que esa conducta inevitablemente crea un nuevo Mesías, un nuevo Iluminado que conduce irreversiblemente a repetir lo mismo que ha sucedido en toda esta etapa de lucha de varias décadas por una patria moderna que culminó en lo que se está viviendo en la actualidad.
Es más, se requiere que los que piden caras nuevas se bajen de las graderías e invadan el terreno de juego, que se sumen como esas caras nuevas que sugieren. Se trata de dar y no de recibir, de forjar nuevos conceptos políticos que inspiren no solo confianza sino que también esperanza en la ciudadanía.
Con solo infundirle ética y honradez a la política y a la acción ciudadana en general se sentarían las bases para una poderosa revolución política y social.
Por consiguiente, lo que varias agrupaciones cívicas y políticas están buscando es la creación de un liderazgo colectivo, que sea expresión de las distintas tendencias políticas y de los distintos sectores de la sociedad, sin que este se convierta en una superestructura sino que sea resultado de los esfuerzos conjuntos de las diversas fuerzas sociales y políticas de Nicaragua, y que por ende represente las diferentes visiones y aspiraciones de la gran masa poblacional inconforme con el rumbo que el nuevo Estado y Gobierno están tomando en detrimento de la gran mayoría silenciosa, cuyo silencio está a solo un paso de estallar.
La unidad es indestructible cuando se basa, no en coacción ni chantaje ni canonjías, sino en altos principios y valores de auténtica democracia, libertad, justicia social y posibilidades reales de progreso individual y colectivo.
Si se logra articular una amplia unidad en la diversidad sería un logro incalculable, pero aun así sería insuficiente, pues no debe significar unirse por unirse ni que la unidad lo resuelva todo, sino que es necesario que esta entidad sea compacta, con objetivos comunes, con un proyecto de nación de consenso, viable, creíble, que desarrolle la capacidad de arrastrar la imaginación y la voluntad de todos como una alternativa real y ejecutable; pero además requiere una decisión indoblegable de todos sus componentes.
El autor fue sindicalista cristiano.