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Freddy Potoy Rosales

Cardenal Brenes, otra esperanza

El nombramiento de cardenal al arzobispo de Managua, Leopoldo José Brenes Solórzano, llega en un momento en el que el sufrido pueblo de Nicaragua tanto necesita de la mano de Dios. El pueblo necesita aferrarse a una esperanza y esa parece ser ahora su eminencia reverendísima (SER), cardenal Brenes Solórzano, acompañado de los obispos y sacerdotes que velan por su pueblo y su Iglesia.

Como aquel 25 de mayo de 1985 cuando el papa Juan Pablo II proclamó cardenal al arzobispo de Managua, Miguel Obando y Bravo (cuando Nicaragua estaba sometida al régimen opresor sandinista), ahora el carismático papa Francisco sorprende y devuelve al pueblo de Nicaragua la esperanza, al proclamar cardenal a Brenes Solórzano (el país nuevamente sufre bajo el régimen sandinista). Los designios de Dios parecen ser siempre salvar al pueblo nicaragüense de las ignominias a las que es sometida.

Los pastores de la Iglesia católica nicaragüense, ahora encabezados por el cardenal Brenes Solórzano, más allá de las ideologías, deben seguir dedicados a velar porque haya justicia social, denunciar con fuerza las constantes violaciones a los derechos humanos, estar al frente del pueblo indefenso para evitar que sea asediado, intimidado, vapuleado y hasta perseguido por quienes ostentan el poder político, económico y militar.

Es de esperarse que la Iglesia católica nicaragüense, como lo ha venido haciendo, critique con dureza la inequidad que han agigantado quienes amasan fortunas y ejecutan el poder en detrimento de las mayorías.

Cuando el padre Pablo Villafranca, antes de iniciar la misa del domingo pasado en la iglesia de Veracruz, Nindirí, comentó a los fieles católicos la proclamación cardenalicia del papa Francisco al arzobispo Brenes Solórzano, los asistentes no contuvieron su regocijo. Y no es para menos. Este pueblo humilde y sufrido lo necesita. La alegría fue en todo el país.

Los archivos de audio de las homilías de monseñor Oscar Arnulfo Romero, en El Salvador, al escucharlas nuevamente una y otra vez, pareciera que las acaba de pronunciar en cualquier catedral de Nicaragua, con la diferencia que ahora no hay guerras donde mueren centenares a diario. Sin embargo, sí hay una guerra silenciosa que está cercenando como el cáncer al pueblo de Nicaragua.

El 24 de marzo de 1980, un día después de concluir su homilía, monseñor Romero fue asesinado por el disparo de un francotirador integrante de un escuadrón de la muerte formado por civiles y militares de ultraderecha y dirigidos por el mayor Roberto d’Aubuisson (fundador del Partido Arena) y el capitán Álvaro Saravia, el cual, años más tarde confesó en una entrevista periodística su participación junto con importantes miembros empresariales del país, señalando a Mario Ernesto Molina Contreras, hijo del expresidente Arturo Armando Molina y a Roberto d’Aubuisson entre otros.

En su última homilía, un día antes de ser asesinado dijo: “En nombre de Dios pues y en nombre de este sufrido pueblo, cuyos lamentos suben hasta el cielo cada día más tumultuosos, les suplico, les ruego, les ordeno, en nombre de Dios, cese la represión”.

Estas palabras y mucho más de monseñor Oscar Arnulfo Romero, en defensa de su pueblo, siguen vigentes en tiempos como los que se viven en Nicaragua, donde hay ultraje a la dignidad humana, ataque a la libertad de expresión, persecución política y económica a quienes osan revelarse al sistema, amenazas a personas naturales o jurídicas, agresiones físicas a manifestantes, abusos de poder, chantajes, espionajes telefónicos y/o electrónicos en abierta violación a los preceptos constitucionales y más. La Iglesia no puede quedarse callada ante tantas cosas en Nicaragua, tal como lo hizo en su mensaje enviado al parlamento a propósito de las consultas a la reforma constitucional el año pasado.

El reto del cardenal Brenes Solórzano, los obispos y sacerdotes en todo el país es grande. Si el Gobierno quiere acercamientos con la Iglesia católica en aras de brindar una verdadera tranquilidad y democracia al pueblo de Nicaragua, primero debe respetar los derechos fundamentales de los ciudadanos, la institucionalidad, la libertad, el Estado de Derecho, restaurar la Constitución Política, en fin, respeto a todos.

COMENTARIOS

  1. Adelante
    Hace 8 años

    Muy bueno hermano ! un abrazo

  2. reca_20
    Hace 8 años

    Freddy,

    Te ganastes un diez.

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