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Uno de los primeros desafíos para Janet Yellen, como presidenta de la Reserva Federal, es generar suficiente inflación como para cumplir con la meta del banco central de dos por ciento.
Los estrategas no han alcanzado ese objetivo durante al menos dos años y ahora están frenando el ritmo de sus compras de bonos. La inflación de Estados Unidos subió a un ritmo de 0.9 por ciento durante los 12 meses que terminaron en noviembre, según la medida preferida del banco central. La última vez que los precios subieron a 2 por ciento o más fue en abril de 2012.
“Cada mes que pasa con la inflación atorada por debajo de la meta, crece la presión para que se aplique un plan para enfrentar el problema”, dijo Ethan Harris, codirector de investigaciones económicas globales en Bank of American Corp. en Nueva York. “Lentamente están reconociendo que este es un riesgo grave”.
Eric Rosengren, presidente del Banco de la Reserva Federal de Boston, dijo en un discurso del 7 de enero que una inflación demasiado baja puede ser “una causa de real preocupación” porque aumenta la posibilidad de que un “golpe negativo” a la economía conduzca a la deflación.
¿CÓMO PUEDE AFECTAR?
Eso podría hacer que las familias posterguen compras al anticipar precios aún más bajos y que las compañías pospongan inversiones y contrataciones porque la demanda de sus productos disminuye.
Una inflación demasiado baja también significa más altas tasas de interés ajustadas a la inflación, lo que dificulta alcanzar un ritmo de crecimiento suficiente.
Rosengren disintió con la decisión de reducir las compras mensuales de bonos en 10,000 millones de dólares. “Si la Fed anuncia un objetivo pero es incapaz de alcanzarlo en un tiempo razonable, algunos pueden cuestionar su capacidad para hacerlo también en el mediano o largo plazo”, advirtió.
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