Mick Sarria es un polémico director de teatro. Una muestra es la última presentación de su teatro El viaje, basado en el Infierno de Dante, un juego mudo y esperpentos de cuerpos desnudos.
Ha sido criticado por utilizar tortugas vivas en el monólogo Noche encantada, de Gloria Elena Espinoza de Tercero, que es una provocación a los sentidos del espectador. Algunos hasta le han gritado que su propuesta no es teatro.
Llama a la experiencia “un teatro entre rejas”, que con una adecuada metodología de participación en el ámbito penitenciario no solo permite un cambio en el privado de libertad, sino un pensamiento crítico que lo prepare para la reinserción social.
En este tipo de eventos se visualiza la reflexión, donde el teatro puede echar por tierra el estigma que los presos no tienen oportunidad de llegar a cambiar.
Un punto en la dramaturgia y dirección escénica de Sarria, es que el teatro puede interactuar con el cuerpo y los sentimientos, convirtiéndose en un medio ideal para este cambio, afirma.
Procesos que Sarria llama como “reconstruir lo humano”, a través de su concepto: “El teatro posthumano, que es recobrar el teatro como parte de la esencia misma del espíritu; saber descubrir mi interior y exteriorizar lo que soy, pero sobre todo lo que puedo lograr ser”.
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¿Por qué de las tortugas con una candela encendida sobre su concha?, responde, que el teatro está hecho de territorios, en una geografía escénica donde lo absurdo establece un rompimiento en el pensamiento del espectador.
Enfatiza que “somos como seres idiotizados frente a una pantalla de televisión, el celular. Para mí el teatro no solo es un arte, sino una forma de vivir la vida”.
POLÉMICA CON ACTORES
Sarria no solo es polémico con su montaje, sino los actores que hacen su propuesta dramática.
En su montaje de Muerte arriba, en Matagalpa, trabajó con jóvenes que nunca habían hecho teatro, pero sobre todo desde el cuerpo mismo como instrumento de creación.
Ha trabajado con presos de la cárcel de esta ciudad e instruye a personas de la tercera edad.
Para Sarria, cuerpo y teatro es un paradigma del hecho teatral. El problema esencial es que hemos hecho del cuerpo un instrumento encartonado y retórico de la actuación.
TEATRO DE SENTIDOS
“Usamos el cuerpo en un lenguaje gestual ciego, porque nos desconocemos corporalmente, hemos perdido el ritmo interior, la simetría entre teatro y vida, entre pensamiento y cultura. Encontrar nuestro cuerpo es encontrarnos a nosotros mismos. Debemos de oírnos y sentirnos porque cuando actuamos, no solo toma vida el personaje, sino también vivimos debajo de la piel del personaje la existencia sublime del actor”, explica el joven actor.
Y concluye remarcando: “Es por eso que mi teatro es de territorios, táctil, de sentidos, de oírnos, de gustarnos, donde el cuerpo hable del dolor, del sufrimiento, o de la risa, o de la alegría de vivir. No busco un teatro donde el espectador cuando salga del teatro se olvide de la obra, sino un teatro donde el espectador no sea espectador sino un hacedor de la obra, y la única manera de incorporarlo es provocándolo, rompiendo los esquemas del teatro, extendiendo en él el territorio vivo, cultural y humanistas del teatro”.
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