José Velázquez-Escobar
Reaccionando a las masivas protestas de junio del año pasado, la presidenta Rousseff del Brasil decidió en carácter de urgencia llevar a cabo el programa “Mais Médicos” concebido principalmente para contratar médicos en el exterior que pudiesen atender aquellas poblaciones que por su ubicación o por falta de infraestructura médica no atraen a los profesionales brasileños.
Como parte de este programa y con la asistencia de la OPAS/OMS el gobierno puso en marcha la contratación de hasta diez mil médicos cubanos, de los cuales cuatro mil ya se encuentran trabajando en el país. A pesar de que el programa está abierto a cualquier nacionalidad es evidente que fue concebido desde un inicio para beneficiar el oportunismo cubano.
De la poca información oficial conocida sobre el contrato, se cree que el gobierno isleño recibe por cada médico aproximadamente cuatro mil dólares mensuales de los cuales al galeno le ceden cerca del diez por ciento, más gastos de alimentación y vivienda subsidiados por el gobierno brasileño. Una vez los diez mil médicos estén en función, un total de aproximadamente treinta y seis millones de dólares mensuales quedará a disposición de los hermanos Castro para supuestamente cubrir nuevas misiones médicas humanitarias y seguramente para otros tipos de “misiones” no necesariamente tan virtuosas como “Mais Médicos”.
Considerando que Cuba mantiene más de 40 mil médicos trabajando en diferentes países y asumiendo que los honorarios por médicos son iguales al Brasil, ello representa un ingreso anual aproximado de dos mil millones de dólares. Nada mal para una economía en ruinas como la cubana y una muestra más de la impresionante habilidad del régimen en encontrar un padrino poderoso cada vez que el de turno agota sus recursos (primero USSR y ahora Venezuela).
Si bien el programa, plagado por incompetencia administrativa y contaminado con pura demagogia electoral al estilo Alba con miras a las elecciones del 2014 ha ganado apoyo popular, este ha perdido un importante respaldo y credibilidad con las entidades médicas y universitarias, indispensable para su exitosa realización.
Siendo defendido por el gobierno alegando que es la única solución a corto plazo para aliviar la deficiente cobertura médica —1.8 médicos por cada mil personas según el Banco Mundial contra 2.3 recomendado por organizaciones especializadas en el tema—, su errática ejecución demuestra una ofuscada urgencia en mostrar repuestas a las protestas de junio, poniendo en seria duda las verdaderas intenciones del gobierno.
Entre muchas de sus irregularidades, el programa ignora las leyes laborales (los participantes no pagan impuestos ni reciben beneficios sociales), trabajan sin fiscalización de entidades médicas (no están sujetos a penalidades por incompetencia profesional ni a validación de títulos) y ha sido objeto de aprovechamiento indebido por parte de algunos de los municipios (sustitución y no aumento de médicos) para los cuales el programa ha sido diseñado.
La urgencia de solucionar esta crisis brasileña en el sector salud no debe bajo ningún punto ponerse en duda ni mucho menos menospreciarla. Lo que no es aceptable es que la misma sea manipulada para beneficios políticos partidarios del PT (Partido dos Trabalhadores) en detrimento de una población que espontánea y apolíticamente demandó mejor atención médica en junio del año pasado.
Si realmente el gobierno estuviese interesado en aliviar la crisis, debería reconocer que la misma no se soluciona solamente con importar médicos de dudosa capacidad y dándole a la arcaica dictadura cubana más oxígeno, sino desarrollando primero una infraestructura médica (clínicas, equipos, medicinas, universidades, etc.) adecuada y universal. Una vez logrado ese desarrollo, inevitablemente más y mejores médicos brasileños sentirán que el esfuerzo de reubicarse en poblaciones remotas será reconocido.
El autor fue Cónsul de Nicaragua en Miami.
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