Como un esbozo de la presencia de la comunidad migrante rusa en Nicaragua valoró la escritora Helena Ramos su nuevo libro Compatriotas en Nicaragua que se presenta mañana jueves a las 6:00 p.m. en el Instituto de Historia de Nicaragua y Centroamérica, de la UCA.
Según el estudio de Ramos, el flujo mayor de rusos se dio durante la década de los años ochenta, atraídos por la revolución o porque se relacionaron con nicaragüenses.
Esto dio paso a lo que ella llama “la diáspora rusa”. Ramos estima que en la historia de Nicaragua han llegado, más o menos, unos diez mil ciudadanos.
Entre sus primeros emigrantes, el libro registra a los Rascovsky, sus antepasados tienen su origen en San Petersburgo, en los años del Imperio Ruso. “Ellos no se han interesado en tener vínculos con su país de origen”, comentó.
Con relación a los inmigrantes de los años ochenta, dice que muchos de ellos fueron funcionarios de la Embajada de Rusia en Nicaragua que se quedaron, enamorados del país, su clima y su gente. En tanto los actuales, son pensionados que han llegado al país para invertir en bienes raíces, o para trabajar.
Entre esas últimas personas se refirió a la pianista Larisa Pilipenko, su padre labora en Nicaragua y ella se está abriendo camino en la música clásica.
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