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Pese a los temores de una época de deflación al estilo japonés, una amenaza más probable para Europa es lo que los funcionarios del Fondo Monetario Internacional están llamando “lowflation”.
Evitar la deflación ciertamente no es motivo para declarar victoria, teniendo en cuenta que “la inflación ultrabaja también puede resultar problemática”, dijo Reza Moghadam, director del Departamento Europeo del FMI. Advirtió que una inflación débil podía eliminar el crecimiento e impulsar deuda, desempleo y costos de endeudamiento más altos.
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Un período sostenido de una inflación ultrabaja, aunque en alza, tiene todavía el potencial de destruir la producción, lesionar la contratación y revivir recuerdos de la crisis fiscal reciente afectando la capacidad de los gobiernos para pagar deuda. En tanto datos del lunes pasado mostraron una inflación de aproximadamente la cuarta parte del objetivo del Banco Central Europeo apenas por debajo del dos por ciento, el presidente Mario Draghi se ve presionado a reaccionar.
“Es imperativo que la inflación vuelva a la meta lo más rápido posible”, dijo David Mackie, economista principal para Europa Occidental en JPMorgan Chase Co. en Londres. “El BCE debe reconocer que tener una inflación baja durante largo tiempo no es neutro”.
Draghi y sus colegas diseñadores de la política se reúnen en Fráncfort el 3 de abril con aumentos en el índice de precios al consumidor que se desvanecieron hasta 0.5 por ciento en marzo, el nivel más bajo en más de cuatro años. Esto reforzó las versiones de que Europa corre un mayor peligro de deflación.
Cuatro quintos de los componentes del índice de precios al consumidor en la región están en alza, y las caídas en los precios de la energía explican en gran medida la desaceleración más amplia.
En un signo de que la economía se afirma, los índices de gestores de compras publicados la semana pasada demostraron que la actividad industrial y de servicios en el primer trimestre fue la más fuerte en casi tres años, y la confianza en la región alcanzó el nivel más alto desde 2011.
Por su parte, la llamada tasa de inflación implícita a cinco años, cinco años más adelante, un indicador de las expectativas inflacionarias en los cinco años a partir de 2019, se mantiene en torno del dos por ciento. Por ahora, Draghi pronostica que la recuperación económica cada vez más fuerte a la larga elevará la inflación, que para el BCE promediará 1.3 por ciento el año próximo y 1.5 por ciento en 2016 después de un uno por ciento este año.
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