Arlen Pérez
Cuando me piden que hable sobre temas educativos en muchas ocasiones me remito a mi madre, una maestra ejemplar que más que enseñarme sobre español o matemáticas, me brindó una niñez sumamente feliz, aún en los momentos de crisis del país. Pero sobre todas las cosas me ayudó a valorar la educación, a entender que las posibilidades pueden ser infinitas si tenemos una formación de calidad.
A veces me pregunto si eso surgió de mi madre o viene de una generación anterior. Mi mamá me contó que en Santa Teresa, Carazo, de donde es originaria, la mentalidad hasta cierto punto machista provocaba que a mi abuela la gente le dijera que no era necesario que todos sus hijos estudiaran, que al que debía mandar a la escuela era solo al hombre. Al tener siete hijas y un varón entiendo que el ahorro hubiera sido considerable, pero mi abuela decidió mantenerlos a todos estudiando y hoy son adultos exitosos.
Como mi mamá y mi abuela, muchas mujeres ven en la educación un futuro mejor para sus hijos. Recientemente miré en YouTube el testimonio de John Jaro, un estudiante de primaria del Colegio Rigoberto Cabezas, de Ometepe, un niño tímido que ha mejorado su aprendizaje con la herramienta educativa XO, del programa educativo Una Computadora por Niño.
Su madre Violeta Álvarez, (casualidades de la vida, lleva el nombre de mi mamá) cuenta que John es su profesor porque ella llegó hasta segundo grado y no sabe leer, pero está orgullosa de su hijo y están aprendiendo juntos.
Sé que John, quien ahora cursa el quinto grado, valora la educación de calidad que está recibiendo y el esfuerzo y acompañamiento de su madre para que logre un futuro mejor. Sé además que la “apuesta” por la educación no es una apuesta, es una inversión.
Hay muchos que valoran la educación de calidad e invierten dinero, tiempo y esfuerzo para lograr que los niños de hoy se preparen mejor para ser los profesionales del mañana.
En Nicaragua hay más de 270 donantes que invierten en la iniciativa conocida en otros países por sus siglas en inglés OLPC (One Laptop Per Child) y es apoyado por cientos de voluntarios.
Cuando los niños reciben su computadora XO, la alegría de maestros, pero sobre todo de padres de familias es difícil de describir, pero para mí es fácil de entender. Es la expresión de mi madre cuando fui a mi primer día de clase, cuando salí del bachillerato, cuando aprobé mi examen de admisión de la universidad. Es la mirada de confianza de haber hecho lo correcto, de haberme acompañado por el camino a un futuro mejor.
Pero no solo las madres invierten en sus hijos, ni solo empresas pueden donar para mejorar la calidad de educación de los niños. Además he conocido gente de buen corazón a la que la gente se limita a llamarles “voluntarios”. Creo que lo que hacen va más allá de la voluntad, es un compromiso, es renunciar a invertir su tiempo en ellos, para dedicarlo a otros. Un ejemplo de que para este compromiso no hay límites lo dio la niña María Fernanda Maltez. En una nota publicada por LA PRENSA, se relata como ella en lugar de recibir regalos por su primera comunión pidió aportes para apoyar a los niños con una computadora y logró donar 12 XO.
María Fernanda, la mamá de John, la mía y la de todos los niños en el Programa Una Computadora por Niño son un ejemplo de que el futuro de Nicaragua está en buenas manos. En las de madres comprometidas con sus hijos, en las de niños y niñas que valoran la educación de calidad, en la de donantes que invierten en la niñez y en la de personas que realmente creen en un futuro mejor. La autora es coordinadora de Comunicación de Fundación Zamora Terán.
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