El maestro figurativo

El pintor Genaro Lugo Roa inició su formación en la Academia de Bellas Artes de San Marcos, en Florencia, becado por el gobierno de Italia. Muchas de sus obras son sobre temas coloniales, ritos eróticos, caricaturas, desnudos, retratos y vivencias.

Genaro Lugo junto a su pintura Canto a la Raza, obra que valoró en vida como su mayor creación premiada. LA PRENSA/ARCHIVO

Si hay una obra que permaneció en posesión del pintor Genaro Lugo Roa y magnificó hasta el día de su muerte en 2010, fue Canto a la Raza, un tríptico que recibió el Premio Italia durante los festejos del primer centenario del nacimiento de Rubén Darío en 1967.

Desde entonces han pasado 47 años, y la obra se sigue enseñoreándose entre otras dejadas por el pintor en su casa. De la obra Eraida Baca Fonseca, viuda del pintor, tiene sus recuerdos: “Acompañé a Genaro durante noventa días que duró en pintar este tríptico, y para que no se durmiera en las noches le leía novelas y poemas”.

“Es un cuadro fantástico, valioso a pesar de que fue menospreciado”, agrega Eraida al recordar que el día de la inauguración del Concurso de Pintura Rubén Darío en 1967 fue colocado al lado de los baños de la Escuela de Bellas Artes, mientras las obras abstractas y figurativas de sus compañeros ocupaban el salón principal.

Y lo que le molesta aún, es que algunos de sus amigos pintores (omitió sus nombres) protestaron porque decían que Genaro era “salvadoreño; pero no es así afirma la viuda, porque la obra de Genaro fue valorada por un jurado de prestigio, y él es de padres nicaragüenses.

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Ingresa a la Escuela de Bellas Artes en 1959, para entonces Genaro Lugo ya era un cartógrafo experimentado.

Expone sus abstractos en la exhibición inaugural del grupo Praxis, un agosto de 1963, y en otras exposiciones. Luego en galería Forma, de El Salvador, y en el Pabellón Centroamericano de la Feria Mundial de Nueva York.

Su arte inicialmente abstracto trabajado sobre acetatos u otros materiales giró bruscamente hacia una figuración “tenebrista”, de alto contenido social constestario, y de rescate de la cultura mesoamericana.

Junto a César Caracas, Pérez Carrillo, Noel Flores y Leoncio Sáenz, forman el grupo Nahoas.

Otro aspecto poco conocido de su vida fue su incursión en la fotografía en los años setenta, con su cámara rusa “fitrí” (una FED 3) realizó tomas a pintores Praxis y sus obras, las publicó en el Boletín de Artes Visuales de la Unión Panamericana (OEA).

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Genaro nació un 29 de mayo de 1933 en San Salvador, sus padres el corrector de La Noticia Andrés Lugo Pérez, y Laura Roa Herdocia eran de Nicaragua. Ellos tuvieron que emigrar a ese país debido a la guerra nacionalista que libraba el general Sandino, aclara Eraida.

DARÍO Y SU PINTURA

El 21 de enero del 2010 falleció el pintor a causa de cirrosis crónica. “En sus últimas horas de vida repetía entre palabras recortadas y balbuceante el nombre de Rubén Darío”, afirma su hijo Genaro Lugo Baca.

También hablaba del Libro de Oro Semana del Centenario de Rubén Darío, texto publicado en 1967, donde su nombre quedó registrado como el ganador del Premio Italia; en una de sus páginas aparece en una foto con el embajador de Italia, Tomaseli, y el embajador de Nicaragua en Brasil, Jacinto Sansón.

Genaro fue becado por el gobierno de Italia, para estudiar en la Academia de Bellas Artes de San Marcos, en Florencia. Su estancia fue aprovechada para pintar; y escribir sonetos modernistas, a su esposa, e ilustrarlos con paisajes florentinos.

A partir de ahí inició su larga carrera como pintor. Muchas de sus pinturas y dibujos son alegorías, otras sobre temas coloniales, ritos eróticos, caricaturas, desnudos, retratos y vivencias.

Por ejemplo la obra Humus o “Mariguana”, 1963, tinta sobre acetato, es una pintura abstracta que recuerda la desaparecida discoteca Tortuga morada, donde los jóvenes bailaban en un ambiente de humos de cigarrillos, habanos y mariguana, era la “onda hippie” de entonces.

Esta misma obra fue portada del poemario Sonata de la soledad, del poeta Francisco Valle. Otra de sus pinturas es el Cristo, este es un retrato que pintó en 1978 a la muerte de su hijo Danilo Lugo. Estas pinturas las conserva celosamente su familia.

El último dibujo que hizo por encargo fue un barco, pero dejó inconcluso un durazno, dice Eraida. “Ya no hago más”, le dijo. También dejó inconcluso un libro donde recopilaba la memoria del grupo Praxis.

SUS OBRASERIADAS

Héroes sin esperanza (1973), fue otros de esos trípticos que pintó como un homenaje a los sobrevivientes del terremoto de Managua de 1972, que se encontraban heridos en el restaurante Plaza.

Otros de sus trípticos le llamó Los torturados (1974), una alusión a los detenidos por el régimen militar somocista, que sufrieron cautiverio, torturas, o que desaparecieron o murieron.

Pero la obra que más amó el pintor, y que siempre gustaba lucir antes sus amigos y coleccionista era el Canto a la Raza. Esta magnífica pieza de arte fue expuesta en la Expo-92 de Sevilla, España.

Y la razón por la cual la prestó el pintor, era porque la muestra conmemoraba los 500 años del encuentro de los dos mundos, en 1992. No sin antes “asegurarla en 300 mil dólares”, revela Eraida.

El Canto a la Raza se exhibió la primera vez entre 15 al 20 de enero de 1967. Fue en estos días que la historiadora de arte Raquel Tibol, expresó que esta pintura bien “podría llegar a valer un millón de dólares”, por lo que sugirió no venderla en ese entonces, dice Eraida.

Esta misma pintura se exhibió en la Primera Exposición de Pintura Centroamericana, en China. Y aparece publicada en el libro La Modernidad en la Pintura Nicaragüense, 1948-1990, escrito por la historiadora María Dolores Torres.

Eraida espera que la obra vuelva a ser exhibida a petición de instituciones del Gobierno o galerías privadas para el primer centenario de la muerte de Rubén Darío, en 1916.

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