La vida es tesoro y amor

La vida y la calidad de vida de todos los ciudadanos debe ser la inquietud permanente de nuestros gobernantes y de todos y cada uno de los ciudadanos, creyentes y no creyentes, religiosos o no religiosos.

PBRO. OCAR CHAVARRIA

La vida y la calidad de vida de todos los ciudadanos debe ser la inquietud permanente de nuestros gobernantes y de todos y cada uno de los ciudadanos, creyentes y no creyentes, religiosos o no religiosos.

Hoy muchas de nuestras naciones en el mundo pierden su vida por guerras absurdas o por la violencia insensata sembrada por la apatía de gobiernos a quienes parece que no les interesa mucho la vida de sus ciudadanos. Hoy día, a pesar de tantos gritos como se dan en favor de los derechos humanos, maltratamos nuestra vida y la vida de los demás.

La vida hoy, en muchos sitios de nuestro mundo, se siente amenazada constantemente: por la violencia y los malos tratos, por la inseguridad y la delincuencia, por el mundo de las drogas, por la enfermedad, el hambre y el miedo, por los problemas que inútilmente nos creamos y creamos a los demás y por la misma muerte.

La vida y una vida cada vez más digna debe ser la constante preocupación de unos padres para con sus hijos. La vida y una vida cada vez más abundante y feliz debe ser el objetivo a conseguir por cada uno de nosotros. Allí donde la vida se maltrata, se menosprecia, se empobrece, se amenaza, se dificulta o se asesina, no puede estar Dios.

Jesús es profundamente apasionado por la vida: Se “conmueve… y llora” (Jn. 11,33.35) ante la muerte porque lo suyo es la vida. Resucita a Lázaro (Jn. 11, 43-44). Se nos brinda como “resurrección y vida. Quien crea en mí no morirá para siempre” (Jn. 11,25-26). Su misión en esta tierra no fue otra sino el que tengamos vida y vida abundante” (Jn. 10,10). Nuestro Dios, el Dios de Jesús, no está de parte de los que siembran la muerte, ni de los que se fastidian la vida o la fastidian a los demás. La vida, para nuestro Dios, es el mayor de los tesoros a guardar y el mayor de los amores a mimar.

Dios no nos ha creado para morir o malvivir sino para que vivamos felizmente. Teresa de Calcuta decía: “La vida es una oportunidad, aprovéchala. La vida es belleza, admírala. La vida es un reto, afróntalo. La vida es un deber, cúmplelo. La vida es un juego, juégalo. La vida es una joya preciosa, cuídala. La vida es amor, gózalo. La vida es misterio, desvélalo. La vida es tristeza, supérala. La vida es un combate, acéptalo. La vida es una tragedia, domínala. La vida es una aventura, arriésgala. La vida es felicidad, merécela. La vida es la vida, defiéndela”.

Ten presente que “lo nuestro es vivir cada día para matar la muerte y morir cada día para dar vida a la vida”.

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