Gabo y la grandeza intelectual

Desde antes de su muerte, se decía que Gabriel García Márquez era el escritor más grande de América Latina. Algunos incluso lo comparan con Cervantes y hasta lo consideran superior al autor de El ingenioso hidalgo don Quijote de La Mancha, el libro que es catalogado como la obra suprema de la literatura española de todos los tiempos.

Desde antes de su muerte, se decía que Gabriel García Márquez era el escritor más grande de América Latina. Algunos incluso lo comparan con Cervantes y hasta lo consideran superior al autor de El ingenioso hidalgo don Quijote de La Mancha, el libro que es catalogado como la obra suprema de la literatura española de todos los tiempos.

García Márquez (Gabo, como le llamaban familiarmente) renunció a vivir en su patria de origen, Colombia, a fin de establecerse en México y desde allí visitar con frecuencia a Cuba, para reunirse con Fidel Castro, su entrañable compañero de animadas charlas y espléndidas comidas. Esta relación del gran creador literario latinoamericano con el cabecilla de la dictadura más prolongada en la historia de América, era justificada incluso por sus adversarios ideológicos, que la consideraban de utilidad humanitaria por cuanto servía —o sirvió algunas veces— para liberar a disidentes cubanos víctimas de la inexorable represión comunista cubana.

En realidad, los prisioneros políticos dejados en libertad por Fidel Castro a petición del Premio Nobel colombiano, fueron poquísimos en comparación con la inmensa cantidad de personas encarceladas, torturadas y asesinadas por el régimen totalitario de Cuba. Sin embargo, la reputación intelectual de García Márquez no se ensombreció por su devoción al dictador comunista de Cuba, a pesar del supuesto de que por su propia naturaleza un intelectual no puede congeniar con las dictaduras. ¿O es que se puede justificar la amistad, la simpatía y el respaldo intelectual a una dictadura solo porque esta es de izquierda y promete —solo promete— la felicidad de los pobres y la redención de la humanidad?

“Yo considero que ninguna dictadura pueda ser de izquierdas, una dictadura es por naturaleza de derechas”, aseguró Fernando Trueba, el cineasta español autocalificado de izquierda, durante una visita a Venezuela realizada en abril del año pasado. Trueba, quien acumuló en 1992 nueve premios Goya por su afamada película Belle Epoque, y por esa misma realización cinematográfica obtuvo al año siguiente el Óscar de Hollywood a la mejor película de habla no inglesa, expresó en sus declaraciones publicadas por la revista cultural en línea Encuentro de la cultura cubana, que sea de izquierda o de derecha un gobierno, “en el momento en el que se ha convertido en autoritarismo es una dictadura”.

En ese mismo orden, la escritora rumana-alemana Herta Müller, Premio Nobel de Literatura 2009, dijo en noviembre de 2011 que (Gabriel) “García Márquez es otro caso que yo no comprendo. Como hombre político no lo comprendo. Esa lealtad a Fidel Castro, pase lo que pase en Cuba. Es una lástima”. Y agregó la renombrada escritora —quien fuera víctima de la dictadura comunista de Rumanía—, que la dictadura es “el mismo par de zapatos. Uno es el izquierdo y otro es el derecho”. Por eso Müller no comprendía que un genio de la literatura como García Márquez, fuese amigo de un dictador como Fidel Castro.

Evocando a Víctor Hugo, el escritor cubano radicado en Estados Unidos, Alejandro Armengol, recordó ayer en El Nuevo Herald que “un intelectual no es grande cuando se acomoda sino cuando se rebela”. Es que se supone que por su sensibilidad intelectual el escritor debe rechazar cualquier clase de dictadura, pero García Márquez y otros grandes literatos han demostrado que no siempre es así.

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