EFE/AP
En un cálido día de primavera, Floribeth Mora estaba en su cama esperando morir de un aneurisma cerebral inoperable, cuando miró una fotografía del papa Juan Pablo II en un periódico.
El segundo es la sanación de Floribeth Mora, inexplicable según el Vaticano, que fue clave para cumplir con los requisitos que exige la Iglesia para una canonización. Mora dejó sus estudios de leyes y gran parte de su trabajo para el negocio de seguridad de la familia para dedicarse por completo a su papel como símbolo de la fe en Costa Rica. Dice que no escucha a los escépticos que dudan que realmente fue sanada. “Cada uno que crea lo que quiera”, dijo a AP durante una visita a su casa. “Lo que yo sé es que estoy sana”.
Ha recibido tantas cartas de los fieles para entregarle al papa Francisco, que tuvo que comprar otra maleta para su viaje al Vaticano.
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“Levántate, no tengas miedo”, le habría dicho el pontífice a Mora, recuerda ella. Mora, sus médicos y la Iglesia católica aseguran que su aneurisma desapareció ese mismo día, en un milagro que despejó el camino para que el papa sea canonizado mañana en una ceremonia en el Vaticano en la que Mora será invitada de honor.
Para Mora, de 50 años, el milagro fue apenas el inicio de su metamorfosis de una mujer enferma y desesperada a un símbolo adorado de la fe para miles de católicos en todo el mundo. Ha recibido a numerosos visitantes locales y extranjeros en su modesta casa en un barrio de clase media en las afueras de San José (Costa Rica), y acepta invitaciones para hasta cuatro misas al día.
Mora se emocionó este jueves 24 de abril en Roma al recordar cómo fue sanada milagrosamente. Tres años después de su curación se pregunta por qué fue ella la elegida. “No sé por qué Dios me eligió a mí entre tantas personas, no sé por qué Juan Pablo II me curó, pero le estoy muy agradecida y ahora mi cometido es llevar a todos los confines del mundo mi testimonio de vida para mostrar la existencia de Dios”, expresó.
ASÍ FUE EL MILAGRO
Todo comenzó el 8 de abril de 2011, relata, cuando sintió un dolor “muy fuerte” en la cabeza y fue al hospital, donde le dijeron que era migraña por estrés. Tras días en los que el dolor persistía, los médicos volvieron a hacerle pruebas y descubrieron un aneurisma cerebral y le dieron un mes de vida. “Tenía mucho miedo porque estaba condenada a muerte, confiesa emocionada.
Creyente desde niña, Mora explica que comenzó entonces a rezar a Dios y a pedir a Juan Pablo II que intercediera por ella. “Yo le decía Juan Pablo, tú que estás tan cerca de Dios, dile que no me quiero morir, que quiero estar con mis hijos que son lo más importante”, añade.
A medida que pasaban los días, sostiene, fue aceptando el hecho de que iba a morir, pero, según ella, el papa polaco atendió sus súplicas y el 1 de mayo de 2011, fecha de su beatificación, se le apareció. Entonces comprendió que estaba curada y sintió “una enorme paz”, que compartió con su marido: “Estoy bien“, le dijo.
Posteriormente, se sometió a pruebas médicas que mostraron la ausencia de la enfermedad para la que, según Mariano Ramírez, uno de los peritos médicos de la Curia Metropolitana de Costa Rica, “no hay explicación científica”.
“Revisamos los informes y nos dimos cuenta de que había sido un milagro, después los mandamos al Vaticano, que los estudió y confirmó que se trataba de una intervención divina”, señaló Ramírez.
La costarricense está en Roma, con su marido y dos de sus cinco hijos para asistir al acto de canonización del papa Juan Pablo II mañana.
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