Lucía Vargas C.
C ien córdobas al día es el promedio de ganancia que obtiene Yamilet Potoy, de 37 años, con el trabajo de rebuscar entre la basura. Su puesto de trabajo está en el vertedero La Joya, en Granada, hasta donde acude religiosamente cada mañana, desde hace 22 años.
Yamilet, madre de siete hijos, es la presidenta de las trabajadoras de La Joya. Ahí labora junto con ocho hombres. Dijo que con ese oficio ha dado el sustento a su familia y resiente que los tiempos han cambiado, puesto que ahora se obtienen menos ingresos, porque ha crecido la demanda de trabajo entre los desechos. La Joya recibe diario unas ocho toneladas de desechos.
Contó que sus hijos la han acompañado en la recolección de basura para aumentar los ingresos en el hogar, pero ahora celebra la llegada del proyecto a La Joya, Children’s Wellness Fun, INC, con fondos de Estados Unidos, que ha logrado erradicar el trabajo infantil en el vertedero para dar a los hijos de las churequeras la oportunidad de ir a la escuela. “Ahora mis hijos se dedican al estudio, ya no van al basurero”, dijo.
Potoy recuerda que llegó al basurero con su primera suegra. “Ella me llevó para trabajar, me encaminó ( .), antes me daba pena ir, pero después que fui agarrando el viaje me gustó”, explica la mujer.
Ahora dice que se volvió a casar y habita en el barrio Nueva Esperanza, en el populoso Pantanal, donde comparte la vida con su numerosa familia.
- “Agradezco a Dios que por fin una organización se hizo cargo de apoyarnos para que los hijos tengan educación, un paquete de alimentos, uniformes y zapatos escolares”.
- Yamilet Potoy
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La promotora Grace Dávila refirió que las urgencias en Nandaime son de viviendas y falta de empleo. Los niños padecen desnutrición infantil, al igual que en Granada.
Dijo que pretenden llevar a los niños de ambos basureros a una carrera técnica para que puedan salir de la pobreza. En el caso de las madres se trata de desarrollar un componente de generación de oportunidades de trabajo a través de la formación en algún oficio, o de la venta de algún producto que elaboren. “Les vamos a ayudar con un pequeño capital, con un fondo revolvente para poder comenzar a trabajar”, sostuvo el médico.
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El proyecto social Children’s Wellness Fun, INC, que en abril cumplió un año de estar presente en la vida de estas mujeres y sus hijos, tiene el objetivo de rescatar a los niños trabajadores para insertarlos a la escuela y brindarles condiciones para que mejoren su calidad de vida.
Grace Dávila, promotora social del proyecto, dijo que la pobreza extrema es lo que identifica a estas familias. Todas habitan en casas precarias, en hacinamiento.
El doctor Lombardo Talavera, gerente de proyectos de la fundación, dijo que a los niños se les brinda mochilas, útiles escolares, uniformes, zapatos y además atención médica, medicinas, exámenes especializados, capacitación para prevenir enfermedades y recreación sana. Las madres también reciben atención médica, medicinas y exámenes de laboratorio.
Talavera explicó que además les entregan a las madres un paquete alimenticio de diez productos básicos, con el propósito de reponer la cantidad de dinero que dejaron de percibir cuando sus hijos salieron del basurero.
EN POBREZA EXTREMA
Junto con Yamilet, también trabaja Mayra Rugama, de 38 años, madre de cinco hijos. Las identifica la necesidad de garantizar el pan en la mesa todos los días. “Agradezco al doctor Lombardo y a la fundación porque, la verdad, anteriormente mis hijos no estudiaban, asistían conmigo al basurero, ahora gracias a Dios y a ellos ya tienen casi tres años estudiando”, dijo.
“Me han ayudado bastante, antes mi situación era otra”, señaló. Otras mujeres trabajadoras, como Dulce y Angélica Fuerte, ambas hermanas, también tienen sus propias experiencias de vida.
Angélica, de 30 años, dijo que lleva 23 recolectando basura en La Joya, porque además su casa está en frente, pero con orgullo dice que sus hijos nunca fueron a trabajar al vertedero.
“Yo me crié en el basurero, porque mi mamá vivía en frente (al basurero), pero yo nunca dejé a mis hijos que trabajaran ahí, y pasaran lo mismo que yo, aunque todo trabajo es digno”, citó la joven mujer.
En el basurero las mujeres están organizadas para obtener equitativamente los desperdicios. Dulce fue coordinadora por años y asegura que cuando llegan los camiones de algunas empresas locales, a dejar desechos alimenticios, se hace una fila en pareja para que todos puedan obtener algo de ganancias.

Dijo que llevan huevos, pollo y harina en mal estado, los que venden a personas que tienen crianza de cerdos. Las mujeres recolectan cartón, vidrio, metales, plástico, entre otros.
La vida de las 25 mujeres de La Joya ha tenido un giro positivo en este último año, con el apoyo de la fundación. Todas están agradecidas por el beneficio a sus hijos y también agradecen un nuevo proyecto de formación en técnicas de belleza. La idea es que también dejen algún día ese trabajo.
“Se pretende iniciar con un grupo de unas 15 mujeres y adolescentes beneficiarias del proyecto”, citó Talavera. El nuevo curso de belleza inició hace pocas semanas.

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