
José Adán Silva
Miércoles 12 de marzo de 2008. Hora: 18:45. Mensaje 08MANAGUA304_a. De: Paul Trivelli, embajador de Estados Unidos en Managua, Nicaragua. Para: Departamento de Estado, Estados Unidos de América y Departamento de Seguridad Nacional de Estados Unidos de América. Confidencial. Uso oficial solamente. Otras agencias.
El título lo indica todo: Octavo reporte anual de tráfico de personas, Nicaragua 2008.
A lo largo del reporte de 49,339 caracteres, el exembajador estadounidense describió una cruda realidad sobre el estado de inseguridad que entonces afectaba a Nicaragua: trata de personas, abuso sexual infantil, explotación sexual y violaciones, prostitución encubierta y tolerada, debilidad institucional para proteger a los segmentos más vulnerables de la sociedad nicaragüense y corrupción general para llevar ante la justicia a los sospechosos de los delitos.
“No hay información confiable disponible para evaluar la magnitud de la trata de personas en Nicaragua, pero todas las fuentes consultadas coinciden en que prevalece un subregistro de casos. Además, el tráfico interno involucra un grave problema de abusos sexuales a la niñez”.
En el informe, develado por las filtraciones al sitio Wikileaks, se cita un único nombre vinculado y confirmado por Estados Unidos a la pedofilia en Nicaragua: Marco Dessi.
“El único caso reportado de un pedófilo extranjero fue el escándalo de abuso sexual con la presunta participación del sacerdote italiano Marco Dessi, quien fue extraditado a Italia, donde fue condenado por cargos de pedofilia”, citaba el entonces informe confidencial del diplomático estadounidense.
VIEJAS HISTORIAS DE ABUSOS A NIÑEZ
¿Pedofilia? ¡Qué va! Son abusadores. Lorna Norori, representante del Movimiento Contra el Abuso Sexual, no trata con ninguna indulgencia el término de pedofilia para referirse a los abusadores sexuales de niños y niñas.
En términos académicos “pedofilia”, cuyas raíces son griegas: páis-paidós, que significa “muchacho” o “niño”, y filia, que quiere decir “amistad”, no incluye el abuso sexual directo, sino que es generalmente entendida como la inclinación sexual de una persona adulta hacia niños, niñas, sobre lo cual en la psicología y la psiquiatría no existe consenso acerca de si es o no es una “condición normal”. Si ocurre el abuso, el término cambia jurídicamente a “pederastia”, cuyas raíces griegas son similares.
Sin embargo, para Norori, son solo juegos de palabras y discusiones inútiles: “son delincuentes, violadores, abusadores sexuales de niños y niñas”.
- “La pedofilia no está tipificada como delito en el Código Penal de Nicaragua y esa es una gran debilidad, porque solo se contempla abusos sexuales”.
- Ana Angélica Toruno, miembro de la Comisión Jurídica del Movimiento Contra el Abuso Sexual.
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- “Nicaragua es una fuente de tráfico tanto interno como externo de personas, principalmente con el propósito de la explotación sexual de niñez, adolescentes y mujeres jóvenes”.
- Paul Trivelli, exembajador de EE. UU. en Nicaragua en informe confidencial de 2008.
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3020 peritajes por violencia sexual se realizaron a menores de entre 0 y 13 años. El 82 por ciento de los casos eran niñas.
1,453 niñas entre 9 y 14 años fueron violadas y embarazadas en 2011, según las cifras del Movimiento Contra el Abuso Sexual dadas a conocer en 2012.
108 casos de abusos sexuales se registraron formalmente en colegios y centros educativos a menores de 0 y 13 años en 2012, según cifras oficiales del IML.
98.0 por cada 100,000 personas fue la tasa de peritaje por abusos sexuales en Nicaragua en 2012, según cifras oficiales del IML en su reporte anual del 2012.
9.0por ciento aumentó la cantidad de abusos sexuales a niños varones de 0 a 13 años en 2012, según el reporte 2012 del IML.
[/doap_box][doap_box title=»El caso del padre mena y el sicólogo pederasta» box_color=»#336699″ class=»aside-box»]
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Para ella, el escándalo que ahora azota al Colegio Americano Nicaragüense, tras descubrirse ahí que el bonachón profesor William James Vahey en realidad era un depravado sexual que podría haber abusado a más de noventa niños, no es más que la punta del iceberg de un fenómeno más brutal en Nicaragua: la violación y abuso sexual de más de tres mil víctimas entre 0 y 13 años que en promedio cada año reportan las Comisarías de la Mujer de la Policía Nacional y el Instituto de Medicina Legal de la Corte Suprema de Justicia.
GALERÍA DEL HORROR COTIDIANO
William James Vahey, quien ahora arde en el fuego del infierno mediático al suicidarse tras haberse descubierto su extensa cadena de abusos sexuales, es solo un nombre que se unirá a la extensa lista de abusadores sexuales de niños en el país.
Basta un recorrido por la páginas de los principales medios para darse cuenta que los abusos sexuales a la niñez, ya sea bajo la figura de pedófilos, pederastas o moclines, término vulgar para definir al violador, han sido constante en los últimos años de la historia del país que, de paso, ha servido de refugio a pedófilos y pederastas internacionales.
En abril del 2013, la Policía Nacional capturó en Estelí y deportó al exprofesor de escuela Eric Justin Toth, uno de los diez criminales más buscados por Estados Unidos, donde será juzgado por los delitos de pornografía infantil y abuso de menores desde hace cinco años.
Nacido el 13 de febrero de 1982, Toth utilizó desde el 2008 el nombre de David Busseone para pasar inadvertido frente a sus víctimas, pero al ingresar por primera vez a Nicaragua, en octubre pasado del 2012, cambió su identidad estadounidense a la de Roberto Walker y se casó con una muchacha nicaragüense para asentarse en un barrio pobre de Estelí.
Las víctimas de Eric Toth eran todas menores de edad, a quienes atraía ofreciendo online sus servicios “como tutor o cuidador de niños”.
Se valía para ello de su computadora conectada al internet, sistemas que manejaba a la perfección. Su habilidad con los sistemas informáticos lo llevó a falsificar pasaportes y otros documentos, como tarjetas de crédito de tres bancos de Estados Unidos, según reveló la Policía nicaragüense.
Patt huía de la justicia de su país desde 2008, cuando quebrantó una medida de libertad condicional que pendía sobre él, explicó la jefa policial en declaraciones a los periodistas en el Aeropuerto Internacional de Managua.
CORY MICHAEL PATT
Cory Michael Patt, de 37 años, un barbudo y sudado hombre de aspecto descuidado, fue detenido en enero de este año en un retén policial cuando iba viajando al municipio rural de San Pedro de Lóvago, Chontales, donde nadie lo conocía.
Tras la imagen de turista mochilero, estaba un prófugo de la justicia.
Patt, quien era buscado por la justicia de su país desde hace seis años por el delito de pornografía infantil, fue deportado a Estados Unidos en cumplimiento a una orden de captura de la Policía Internacional, Interpol.
Patt era requerido por el estado de Oregon, donde tiene pendiente una condena por diez años de prisión y el pago de una multa de 250,000 dólares por producir pornografía infantil y bajo sospechas de haber abusado de niñas en su país.
EL ANCIANO MALCRIADO
De él sus vecinos decían que era un viejo malcriado, pese a que apenas dos años atrás se había radicado en Estelí.
Cuando la Policía Nacional capturó al estadounidense Donald Sutton Lile, de 81 años, nadie del vecindario apostaba las causas de por qué se llevaban al viejo malcriado y esquivo que no saludaba a nadie del barrio y salía solo en taxi a dar vueltas por la ciudad: sospecha de pornografía infantil y pedofilia.
El hombre fue traslado a las celdas de la Dirección de Auxilio Judicial, en Managua, para enfrentar cargos en su país, Estados Unidos, donde lo requerían por sospechas de producción y distribución de pornografía infantil.
ARNOLD PETER EISNER
Que era un buen hombre, generoso y caritativo que regalaba ropa, alimentos y juguetes a la niñez de los barrios paupérrimos y ruinosos de los alrededores de la Asamblea Nacional , en cuyos semáforos se detenía a montar niños vendedores para invitarlos a restaurantes de comida rápida.
Luego el horror: cuando la Policía lo capturó, en su casa de alquiler, encontraron ropa interior de niñas, vídeos, fotografías de niños y niñas guatemaltecas y hondureñas desnudas, vestiditos, ropita de niños y juguetes.
Lo más grave, recuerda Carlos Emilio López, exprocurador para la Defensa de la Niñez, era que en la casa habían encontrado hasta escrituras legales de madres que entregaban en adopción a sus hijas al gringo.
No era raro. La denuncia decía que todos los días llegaba a los semáforos a buscar niñas de entre 7 y 13 años, a quienes ofrecía dinero a cambio de sexo, para luego darles licor y filmarlas.
El 2 de marzo de 2004 Eisner, de 52 años y oriundo de Miami, Florida, fue encontrado culpable del delito de abusos deshonestos en grado de tentativa, en un juicio en el cual mujeres de los barrios pobres donde solía llegar Eisner, portaban pancartas exigiendo la libertad del buen señor Arnold.
Luego de dos juicios fue condenado a dos años y seis días de prisión, pero dos meses después la Sala Penal Dos del Tribunal de Apelaciones lo absolvió. Desde entonces nunca más fue visto en Nicaragua.
LA MALA COSECHA NACIONAL
Decir que solo del exterior vienen los pedófilos es cerrar la vista a la dolorosa realidad nacional. Según Lorna Norori, Nicaragua está llena de esos abusadores sexuales que el mundo llama pedófilos.
“Aquí los conocemos como violadores y están por todos lados”, sentencia Norori.
La memoria colectiva del país quizás no recuerde, como sí posiblemente lo recuerden para siempre las víctimas, que hubo un profesor de inglés de Chinandega que fue sentenciado a 669 años de prisión por abusos sexuales a diez niños y niñas.
En marzo del 2012, a Burgos García se le declaró culpable de los delitos de violación, pornografía infantil y lesiones psicológicas en perjuicio de 23 niños y niñas.
El caso, uno de los más escabrosos de los últimos años, reveló que el profesor de 23 años había abusado incluso a niños con problemas mentales y había tomado no menos de siete mil fotografías y seiscientos vídeos de sus abusos, algunos de los cuales vendió a sitios pornos de internet.
Durante el juicio, a puertas cerradas para evitar que los detalles más bajos de su actuación criminal se hicieran públicos por respeto a las víctimas, un perito policial vomitó al escuchar de voz del acusado lo que le había hecho a una menor de 11 años con problemas de retardo mental, a quien le daba clases de catequismo.
JUNIOR STEVENS RODRÍGUEZ
La crónica decía así: “Ni volviendo a nacer, Junior Stevens Rodríguez podría cumplir la pena de 125 años que para él pidió la Fiscalía”.
En octubre del 2010, el expolicía fue llevado a juicio tras ser acusado de prostituir bajo amenaza de muerte a un niño de 12 años y violar a siete más, todos varones, cuyas edades oscilaban entre los 9 y 12, durante dos años.
Padres de niños abusados denunciaron que el expolicía abusó de su uniforme para detener a los chavalos y bajo amenaza de arresto, violó a varios de ellos.
En el juicio, un investigador de la Comisaría de la Mujer y la Niñez indicó que el modo de operar del sujeto era infiltrarse como miembro de la Unidad de Investigación Criminal u oficial de Inteligencia, investigando casos de violación y robos.
Bajo amenaza de prisión, atacó a algunos y a otros los halagó con juguetes, gaseosas o dulces y luego los llevaba a pasear para violarlos y dejarlos botado en lugares alejados de sus viviendas.
Rodríguez había sido dado de baja deshonrosa en 2009 en el Distrito Dos de Policía, donde laboraba, y en el juicio, además de alegar locura, pidió traslado de prisión de Tipitapa a Granada donde yace purgando pena.
Ver en la versión impresa las páginas: 6 A



