“Rusia busca puntos de apoyo”

Sergio Ramírez, reconocido escritor nicaragüense, sorprendió a sus lectores con su última obra: un libro de cocina. Pero Ramírez, no solo puede pasar de los cuentos a las novelas y de las novelas a la cocina, sino también, como lo demuestra en esta entrevista, dada su experiencia política, a otros temas de la vida nacional.

Por Vladimir Vásquez

Sergio Ramírez, reconocido escritor nicaragüense, sorprendió a sus lectores con su última obra: un libro de cocina. Pero Ramírez, no solo puede pasar de los cuentos a las novelas y de las novelas a la cocina, sino también, como lo demuestra en esta entrevista, dada su experiencia política, a otros temas de la vida nacional.

Conversamos con Ramírez sobre el libro, por supuesto, la visita del canciller ruso Serguei Lavrov a Nicaragua el pasado martes, que enciende todas sus suspicacias, la reciente elección de los cargos vencidos y el diálogo que se avecina entre el Gobierno y la Iglesia. También lamenta la muerte de su amigo Gabriel García Márquez, con quien dijo que sostenía una relación muy cercana. Ramírez recuerda lo cercano que fue Márquez para la revolución en Nicaragua y lo mucho que criticó el rumbo que tomó el gobierno del FSLN tras su regreso al poder en el 2007.

::: Recientemente causó mucha tristeza la muerte del escritor Gabriel García Márquez, usted era muy cercano a él, ¿cómo le afectó?

Para mí, la muerte de García Márquez ha sido un golpe muy duro por la amistad tan estrecha que tenía con él, la amistad familiar, nos hicimos amigos desde el año 1977 por razones más bien políticas, cuando andaba yo conspirando para derrocar a Somoza y él siempre fue un conspirador nato. Se unió a la conspiración. Nos conocimos entonces y desarrollamos esa amistad muy estrecha, y una amistad muy linda que añoro siempre, por eso me sentí muy dolido con su muerte y ya todo mundo sabe lo que significa la pérdida de García Márquez como gran escritor latinoamericano que fue.

::: ¿Cuándo fue la última vez que usted lo vio?

Yo lo vi el año pasado en su cumpleaños en México, lo celebramos en la casa de Hernaldo Zúñiga, cantante nicaragüense, muy amigo de la familia.

::: ¿Cuál fue una de las experiencias más grandes que usted tuvo al lado de Gabo?

Las conversaciones. Poder conversar con él sobre literatura. Las conversaciones literarias entre escritores no creas que son muy comunes. Uno cuando se encuentra con un escritor, siempre habla de muchas otras cosas y a veces se habla de literatura como un tema más. A Gabo le gustaban las conversaciones literarias. Empezábamos comparando listas de libros, cada uno sacaba la lista de libros que había leído y que el otro no. Y él apuntaba libros que yo le mencionaba y yo apuntaba los que él me mencionaba. Y recuerdo que una vez desayunando en México, él andaba metido en la cabeza hacer un “remake”, como se dice en cine, reescribir el libro que resultó ser la Memoria de mis putas tristes . El libro original, el argumento original era de (Yasunari) Kawabata, el Premio Nóbel japonés y él estaba fascinado con esa idea. Y él quería reescribirlo. Basado en esa idea volvió a escribir su libro. Esto es común en la literatura, que alguien tome un argumento clásico o desarrollado por otro escritor y lo escriba de otra manera. Y hablamos mucho de esa idea, yo no lo había leído. Y él me regaló una edición muy bella de la traducción al francés de ese libro de Kawabata.

::: ¿Preguntó en algún momento por la situación actual de Nicaragua? Porque él siempre estuvo muy vinculado a todos los asuntos de la revolución.

Con la revolución se vinculó muchísimo porque ayudó al derrocamiento de Somoza a como pudo con sus gestiones de todo tipo en el mundo, políticas, diplomáticas. Él hizo dos entrevistas a dos comandos, el primero que se tomó la casa de Chema Castillo y ahí se hizo un guión de cine de una película que nunca se filmó, que se llamaba El Asalto, entrevistando a los miembros del comando, en Cuba. Y luego entrevistó a los miembros del comando del Palacio Nacional en Panamá y de ahí resultó una crónica suya que se llama El Asalto al Palacio. Él se sentía muy vinculado a la revolución, estuvo aquí para el primer aniversario de la revolución en 1980, volvió en el 81, en el 82, siempre se quedaba con nosotros en nuestra casa, vivíamos aquí al lado. Y la última vez que vino a Nicaragua fue para la toma de posesión en enero de 1985, que vino con Fidel Castro. Esa fue la última vez que estuvo. Pero siempre mantenía su atención sobre Nicaragua. Conversábamos sobre la situación.

::: ¿Y cómo miró este cambio de la revolución?

A él no le gustaba obviamente. Siempre me decía: “A mí me estafaron, esto yo nunca pensé que iba a resultar en eso”, siempre ocupaba esa frase “a mí me estafaron”.

::: ¿Qué era lo que menos le convencía del actual Gobierno, de esa revolución de los ochenta a esto que vivimos ahora?

Que él había trabajado por un proyecto de transformación del país de liberación real de Nicaragua y veía que eso se había dejado al lado y que ahora era un Gobierno autoritario.

::: ¿A eso se debió que no volvió a venir?

Él ya no quería venir, tampoco Carlos Fuentes quiso nunca regresar por la misma razón.

::: Y hablando de visitas al país, cómo mira la llegada del canciller ruso Serguei Lavrov, tomando en cuenta las diferencias que tiene Rusia con Estados Unidos en este momento.

Bueno, Rusia aparece hoy en el escenario mundial como un elemento de erupción conflictiva con el caso de Ucrania. Y los Estados Unidos y la Unión Europea están enfrentando esta política expansionista de Rusia, que quiere recuperar parte de sus antiguas fronteras. No olvidemos que la Rusia tradicional quedó reducida en sus espacios después del desmoronamiento de la cortina de hierro, a finales de los años ochenta e inicios de los noventa.

::: ¿Cree que esto pueda llegar a subir de nivel tomando en cuenta la presión que está ejerciendo Estados Unidos?

Sí, yo creo que hay una situación mundial muy tensa y a mí no me deja de parecer extraño que mientras esa situación se tensiona tanto, el canciller ruso esté en Nicaragua.

::: ¿Cuál es el mensaje que mira?

Nicaragua es un país muy pequeño que no juega nada en el panorama estratégico mundial, sin embargo muy recientemente se ha estado hablando de la instalación de bases militares rusas en Nicaragua, de estaciones de base para satélite y no sé qué otra cosa. Entonces, no sé, no me deja de parecer extraño que estando esa situación tan tensa, el canciller ruso aparezca aquí.

::: Esa visita pasó por Cuba también.

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El escritor nicaragüense Sergio Ramírez nació en Masatepe en 1942.

En 1977 formó parte del Grupo de los Doce, formado por empresarios, sacerdotes y escritores que dieron su apoyo al Frente Sandinista para lograr el derrocamiento de Somoza.

En 1979, integró la Junta de Gobierno tras el derrocamiento de la dictadura somocista.

Fue vicepresidente de la República en 1984 y se separó del Frente Sandinista de Liberación Nacional en 1996 y se retiró de la vida política.

Actualmente se dedica a su vida como escritor.

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Me imagino que irá a Venezuela también, supongo yo, son los países afines a Rusia. Nicaragua es uno de los pocos países del mundo que reconoció los territorios de Osetia del Sur y Abjasia, que fueron arrancados por Rusia a la integridad territorial de Georgia. Son intereses geoestratégicos los que se están jugando. Como Rusia ensaya de nuevo a ser una potencia mundial busca puntos de apoyo fuera de su zona de influencia.

::: ¿Pero cree que Nicaragua está manejando bien esto al recibir al canciller ruso en medio de todas estas situaciones?

Yo creo que un país soberano como Nicaragua tiene derecho a tener relaciones diplomáticas con todos los países del mundo, eso no me extraña. El asunto es lo que deriva de esas relaciones, si aquí se van a instalar bases militares extranjeras, por decir algo, eso me parece una situación delicada. Nosotros no deberíamos aquí instalar bases ni de Estados Unidos ni de Rusia ni de ninguna otra competencia.

::: Aquí muchos han dicho que si las bases las estuviera instalando Estados Unidos entonces nadie reclamaría nada.

Pues yo sí. Yo estaría en contra. Yo estoy en contra de cualquier involucramiento de Nicaragua con cualquier superpotencia en el plano militar.

::: Y hablando de cambios, ya se eligieron los cargos públicos que estaban vencidos…

Ahí no cambia nada. Eso no cambia nada. Yo creo que si el Gobierno tiene una mayoría tan abrumadora en la Asamblea Nacional, ¿qué puede cambiar? No sé. Mucho insistió la oposición que una gran conquista era cambiar a Rivas. Para mí cambiar a Rivas y poner a otro que haga lo mismo, no tendría ningún cambio, ¿cuál es la diferencia? Si no está ahí Rivas y ponen a otro que haga lo mismo, que te va a contar los votos de la misma manera. Yo creo que las cosas quedaron como estaban antes, aquí no es asunto de cambios de caras, de actitudes, de políticas, si hay un interés real que el país funcione de manera democrática o no. Las caras no me dicen nada.

::: ¿Cuál sería el cambio entonces que se debería hacer para que regrese la confianza en el Consejo Supremo Electoral?

Solo que le pongamos una carta al Niño Dios, debería decir: cambiar al Consejo Supremo Electoral. Poner gente honesta íntegra, reconocida por todos los nicaragüenses como integrales. Si estamos jugando con los dados cargados se trata de una carta al Niño Dios. Mientras el Gobierno tenga la abrumadora mayoría que tiene en la Asamblea, no se siente obligado a hacer ningún cambio de esa naturaleza. Por eso veo que el diálogo con la conferencia episcopal tampoco va a ayudar mucho. El Gobierno lo que necesita es la foto con los obispos.

::: ¿Esa foto va a cambiar la imagen del Gobierno ante la opinión pública?

Que la gente va a pensar que hay cambios, se reunió Daniel Ortega con los obispos, yo no veo que nadie gane nada con eso. Es decir, la agenda de los obispos es una agenda muy buena: institucionalidad democrática. Pero ¿de qué institucionalidad democrática se puede hablar si el Gobierno no está interesado en eso porque siente que la correlación le favorece de manera absoluta? Tienen entendimiento a fondo con la empresa privada, tiene una mayoría abrumadora en la Asamblea Legislativa, controla los poderes del Estado. Pues le interesaría nada más que los obispos salgan en la foto. A los obispos no los van a cambiar en la actitud que tienen.

LA PUERTA  DE LA COCINA

El nuevo libro de Sergio Ramírez, Lo que sabe el paladar, recoge la mayoría de los principales platos nicaragüenses, actuales y otros que parecen condenados a desaparecer por su complejidad y costos. El escritor nicaragüense se considera como un cocinero pasivo, aunque reconoce que nunca ha metido mano en la cocina. Recientemente presentó este “Diccionario de los alimentos de Nicaragua”, donde recoge unas 300 recetas de todos los departamentos del país.

::: ¿Cómo recibió la gente el cambio de Sergio Ramírez novelista a escritor de un libro de cocina?

Yo diría que bien. Me siento muy contento porque para un escritor entrar por una puerta tan ancha al público es muy gratificante, porque es un tema del que todo mundo es experto. Uno puede hablar con confianza, unos somos cocineros activos y otros cocineros pasivos. Nos gusta cocinar, pero todos terminamos comiendo. Ese es un vínculo.

::: ¿Se considera un experto en la cocina?

Un experto pasivo. No meto las manos en la cocina, no soy un cocinero experto, me gusta hablar de los ingredientes, me gusta discutir que lleva un plato, como en los vinos, uno tiene que conocer los sabores. Los grados de sabor, si una cosa está demasiado dulce, demasiado salada, el punto de equilibrio, todo eso es arte. Se parece todo eso a la literatura, la escritura es muy parecida a la cocina. Pero te decía eso de la puerta ancha, porque el día que estábamos presentando el libro yo oía ese rumor de sabiduría de la gente. Cuando estábamos presentando (el libro), la gente rumoreaba, sabiendo o comentando en voz baja porque sabía de qué les estabas hablando. Hay gente que me agrega cosas que se me han olvidado, el libro tiene 2,000 entradas del diccionario.

::: ¿Cuál es la diferencia entre el libro de cocina de Sergio Ramírez y otro libro de cocina?

Muy distinto. Porque los libros de cocina que uno compra son libros de cocineros, son libros de mujeres, libros de cocineras que son más profundos, son mujeres que han dedicado su vida al arte de la cocina y después escriben sus recetas. Estos son libros de mujeres sabias en la cocina. De las mujeres que lo que hacen es verter su experiencia y enseñárselas a otros. Yo no estoy enseñando ninguna experiencia. He reunido entre las 2,000 entradas del libro, más de 300 recetas, pero son recetas tomadas de otros libros o de recetarios privados, recetarios familiares.

::: ¿A qué se debe ese cambio de Sergio Ramírez a un libro de cocina?

A mí me preocupan o me ocupan los distintos aspectos de la cultura nicaragüense y la cocina es un aspecto fundamental de la cocina. Parte de nuestra cultura es nuestro mestizaje y parte de nuestra cultura es nuestra literatura, los cuentos de camino, la literatura anónima, lo que oímos contar de niños y obviamente la cocina, lo que comemos todos los días es parte de lo que somos. Entonces, investigar este tema y llegar a hacer un diccionario sobre términos de cocina tan numeroso como este, es una manera de ayudar a fijar la cultura nicaragüense que no nos olvidemos de ella.

::: ¿Cuáles son esos platos que ya no se hacen más y se mencionan en el libro?

Te puedo hablar de la región donde yo nací, la de los pueblos, la de lo que se llamó tradicionalmente la Manquesa. Por ejemplo, la cusnaca, que es un plato de jocotes cocidos, martajados, revueltos con leche y azúcar y canela, casi no se hace. O el ajiaco, es una mezcla de maíz calentado, molido reventado con piña, plátano maduro, plátanos verdes, jocotes, carne de cerdo, eso tampoco casi no se hace.

::: ¿Incluyó recetas de todo el país?

De todo el país. Y eso me llevó a mí a concluir, de que para mí una cocina es rica cuando es diversa, cuando se puede dividir en regiones geográficas. En Nicaragua, a pesar que es un territorio muy pequeño, tenemos unas diversidades geográficas asombrosas, porque aquí desde las costas calurosas del Pacífico, apenas en hora y media estás a 1,200 metros de altura en la montaña y si caminás un poquito más estás en la selva. Así como es diversa la geografía de Nicaragua, así es diversa su cocina, entonces nosotros tenemos una cocina leonesa, a la cual pertenecen los punches rellenos, una cocina granadina a la cual pertenece el guiso de tortuga, una comida de la Manquesa a la cual pertenece el ajiaco que te decía y una cocina caribeña.

::: ¿Hay un departamento que se le haya escapado?

Bueno, hay algo que siempre se escapa. Por eso hay gente que nos está mandando sugerencias y comentarios. Alguna vez me gustaría a mí ser parte de un equipo que hiciera un trabajo de campo. Que fuera a las aldeas a preguntar por los platos y yo creo que este libro crecería tres veces. Yo no hice el trabajo de campo.

::: Y también tendría que probarlos.

Claro. Ir y que me dijeran aquí hay algo bueno, nuevo. Algo muy parecido hizo Jaime Wheelock. Su libro es excelente sobre la cocina nicaragüense. Dirigió un equipo de estudiantes que fueron a distintos lugares. Hay mucho que investigar todavía.

::: Usted mencionaba que hay muchos platos que ya no se hacían. ¿A qué cree que se deba que se han ido perdiendo?

En primer lugar porque hay platos muy tequiosos, como decimos en Nicaragua, que hay que hacer. Necesitan mucho tiempo, muchos ingredientes. Y en segundo lugar es que se vuelven muy caros. Porque nos estamos enfrentando al concepto de la comida rápida, que tiene que ver con los cambios de la sociedad. Hoy en día la gente tiene poco tiempo para almorzar y tiene que ir a los lugares de comidas rápidas.

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