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ADOLFO ACEVEDO. LA PRENSA/ARCHIVO

Lo fundamental es la estructura y calidad del empleo

De acuerdo con la Cepal, cuando se mide la pobreza de ingresos, el 70.2 por ciento de los niños nicaragüenses vive en hogares pobres. Esto refleja el hecho de que los niños están sobre-representados en los hogares pobres, y que gran parte de los hogares nicaragüenses sobrevive de ingresos bastante magros, provenientes, en lo fundamental, de empleos precarios.

Adolfo Acevedo Vogl (*)

De acuerdo con la Cepal, cuando se mide la pobreza de ingresos, el 70.2 por ciento de los niños nicaragüenses vive en hogares pobres. Esto refleja el hecho de que los niños están sobre-representados en los hogares pobres, y que gran parte de los hogares nicaragüenses sobrevive de ingresos bastante magros, provenientes, en lo fundamental, de empleos precarios.

En efecto, la situación de pobreza que padece gran parte de los hogares se deriva del hecho de que la economía genera, de manera predominante, empleos en actividades de muy baja productividad, que son en su mayor parte empleos generados por la propia población para allegarse algún ingreso.

Por su parte en los hogares pobres el número de niños es mucho mayor, porque la tasa de fecundidad también es mayor, y por esa razón los niños están más que proporcionalmente representados en los hogares pobres.

Por la misma razón la mayor parte de los jóvenes proviene de un origen humilde, y esta mayoría está marcada por los signos de la reproducción intergeneracional de la pobreza: bajo capital social y años de escolaridad muy por debajo del umbral mínimo requerido, con niveles de calidad deplorables.

En estas condiciones, mientras la mayor parte de los trabajadores ocupados lo está en empleos precarios, que rinden unos ingresos minúsculos, los jóvenes que se incorporan al mercado laboral lo hacen también con altas probabilidades de poder encontrar, ante todo, el mismo tipo de empleos.

En esta fase también se produce una fuerte incorporación de las mujeres a la actividad económica, y la mayor parte de quienes lo hacen poseen también baja escolaridad, bajo capital social y también encuentran predominantemente empleos de muy baja productividad e ingresos.

Estas características del mercado laboral se reflejan, a su vez, en la bajísima cobertura del seguro social, de manera tal que apenas el 15 por ciento de los trabajadores que han arribado a la vejez perciben una pensión. El núcleo de esta situación está dado por una economía cuya estructura es poco diversificada, y está concentrada en producir un número limitado de bienes, aquellos de menor intensidad y exigencia tecnológica, en condiciones de una productividad comparativa muy baja.

Como resultado, en su gran mayoría la creciente fuerza de trabajo derivada del fuerte crecimiento de la población en edades productivas que conlleva el bono demográfico, y del aumento en la tasa de participación laboral asociada al bono de género, está encontrando refugio en empleos de muy baja productividad, equivalentes al subempleo, principalmente en la agricultura, el comercio y los servicios informales.

Se trata de una economía que funciona con limitadas exigencias tecnológicas y de conocimientos, y que por consiguiente no demanda demasiada calificación. Por ello puede absorber, sin grandes sobresaltos, a una fuerza de trabajo como la nuestra —que se caracteriza por sus bajísimos niveles de calificación— en empleos precarios e informales que no demandan grandes conocimientos y destrezas para ser desempeñados.

El problema es que pronto el proceso de envejecimiento comenzará a adquirir un ritmo tal que, en las próximas décadas, el número de personas en edades productivas se estará reduciendo con suma rapidez, en relación al número de adultos mayores.

Para poder sostenerse en condiciones dignas, y al mismo tiempo atender a las necesidades del número de adultos mayores en rápida expansión, este menor número de trabajadores deberá exhibir unos niveles de productividad que debería ser al menos diez veces superior a la actual.

Ello solo será posible si desde ahora el aparato productivo se expande, diversificándose de manera permanente mediante la implantación de nuevas actividades de mayor complejidad tecnológica, y se incrementa la productividad de las actividades existentes, y estas actividades más productivas son capaces de absorber porcentajes crecientes del empleo.

(*) Economista

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COMENTARIOS

  1. melarad
    Hace 7 años

    Si bien la especialización laboral ha permitido producir a gran velocidad y bajo costo, por otro lado, brinda pocas oportunidades al trabajador de avanzar a un empleo mejor, porque rara vez es posible aprender mucho de un trabajo fraccionado. El problema es una clase empresarial subdesarrollada (COSEP), que en lugar de buscar la eficiencia y productividad, su principal tarea es lograr exenciones y privilegios. Su incapacidad de crear empleos de calidad, ha tenido efectos negativos en los trab.

  2. nicaragua erida
    Hace 7 años

    la interrogante es quien vive con 2,400 cordobas al mes,eso son las famosas pensiones por invalidez .la otra pregunta la gran taza de desempleo existente y migracion nacional entonces donde esta el crecimiento economico,

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