El secuestro en Nigeria de más de doscientas niñas de entre 9 y 13 años de edad, perpetrado por la organización terrorista Boko Haram, ha conmovido al mundo entero, incluyendo a Centroamérica, donde numerosas personas están expresando por medio de las redes sociales su condena a los criminales y su exigencia de que las niñas sean liberadas. Algunas incluso han suscrito la petición de la red internacional cristiana de solidaridad, Hazteoir.org, para que el gobierno de Nigeria y las Naciones Unidas actúen con más energía en la búsqueda y liberación de las menores secuestradas.
Boko Haram es el mote de una organización terrorista cuyo verdadero nombre es “Congregación del Pueblo por la Tradición del Proselitismo y la Jihad”. Boko Haram (palabras de la lengua africana hausa), se suele traducir como “la educación occidental es un pecado”, pero en realidad la traducción más aproximada es “la presunción es un pecado”. El 14 de abril pasado, miembros de esa agrupación criminal asaltaron una escuela secundaria y secuestraron a 276 niñas escolares, cristianas en su gran mayoría, de las cuales 53 lograron escapar. Según los terroristas, la religión islámica prohíbe que las niñas reciban educación y solo deben prepararse para ser esposas, servir a sus maridos y criar a los hijos.
En una primera aparición pública después del secuestro, por medio de un vídeo colgado en las redes sociales, el líder de Boko Haram, Abubakar Shekau, aseguró que las niñas serían vendidas como esclavas. Después, en otro vídeo en el cual se muestra a un grupo de las niñas secuestradas cantando letanías musulmanas, Shekau propuso intercambiarlas por miembros de la agrupación terrorista que se encuentran encarcelados.
En su rechazo por medios terroristas a que las niñas reciban educación, y menos de tipo occidental y cristiano, Boko Haram alega razones religiosas islámicas. Pero no es cierto que el islam prohíba la educación de las mujeres. Los seguidores del islam son alrededor de 1,500 millones en todo el mundo — entre ellos muchísimas mujeres debidamente educadas— y en su inmensa mayoría no comparten creencias extremistas como las de Boko Haram ni respaldan sus acciones terroristas. Decir que la religión islámica prohíbe que las mujeres se eduquen es una aberración fundamentalista. Más bien el Corán, libro sagrado islámico, manda que todos los musulmanes deben buscar el conocimiento, es decir, educarse, sin hacer distinción entre hombres y mujeres.
En realidad, Boko Haram es solo una agrupación de individuos terroristas, machistas extremos e ignorantes absolutos. Su fundador, Mohammed Yusuf, quien murió en combate con las autoridades nigerianas el 30 de julio de 2009, dijo en una entrevista con la BBC de Londres que su lucha era no solo para que las mujeres no se eduquen sino para abolir todas las creencias occidentales. Habló de liquidar la teoría de la evolución de Darwin, de que la noción de que vivimos en un planeta esférico contradice las enseñanzas del Islam y aseguró que ellos se niegan a creer que la lluvia es agua evaporada por el Sol.
Boko Haram es una horrorosa aberración. Y es un error identificarlo con el islamismo, sin perjuicio de que las autoridades islámicas de todo el mundo deberían pronunciarse de manera más clara y enérgica contra ellos.
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