Convocatoria a la oración
Aplaudo calurosamente la convocatoria de la Conferencia Episcopal, representada por su secretario, el reverendísimo obispo auxiliar, monseñor Silvio José Báez, para que todo el pueblo católico; para que todas las parroquias del país; para que todos los grupos y asociaciones católicas, dedicaran tres días de ferviente y continua oración, con celebración de eucaristías votivas con adoración continua del Santísimo Sacramento, con el fin de lograr cambios favorables, permanentes y efectivos, a través del diálogo que pronto se llevará a cabo, entre el Gobierno y las autoridades eclesiásticas.
Espero se logren acuerdos con los que se favorezca a todos los ciudadanos de este país por igual. Apoyemos de este modo poderoso, este instrumento civilizado de entendimiento entre personas, que la Providencia está poniendo en nuestras manos.
Creo profundamente en el poder de la oración, pues he visto, durante mi vida muestras maravillosas de este poder.
¿Cuánto más, si todo un pueblo se pone unánimemente de acuerdo y obedece la voz de sus autoridades los obispos y pide al Altísimo Omnipotente, dueño del mundo y de la historia, cosas que están dentro de su divina voluntad expresa, como es el cumplimiento de la justicia y el amor. ¿Toda esa multitud de fieles que acuden a las procesiones, que van con tanta devoción y sacrificios a las peregrinaciones, a las misas solemnes, a los ritos del Triduo Pascual, a recibir las cenizas al comienzo de la Semana Mayor; a todas las convoca la Iglesia a unirse en oración en esos tres días especialísimos.
Es tiempo de unir sus plegarias para que mejoren las condiciones en nuestra amada Patria, que es Patria de todos por igual.
Pidamos al Señor que donde haya odio y división, triunfe el amor, que donde haya avaricia y afán desmedido de poder, triunfe la razón, que donde haya soberbia llegue la humildad.
Estoy segura que desde el cielo, los hijos de esta Patria que tanto la amaron, también se unirán a nosotros en este esfuerzo de sincera búsqueda, pidiendo una salida aceptable para esta sociedad, que desde hace tantos años padece de innumerables males.
Estoy segura que la señora madre del presidente Daniel Ortega, que está ya gozando de la presencia de Dios en el paraíso, como buena cristiana que fue, se unirá también a esta convocatoria de nuestros obispos y de todo el pueblo creyente de Nicaragua, para interceder ante el Señor por los buenos y efectivos resultados, de esta importante gestión, en beneficio de todos los que todavía batallamos aquí abajo.
Es imposible que Dios Padre, en su infinito amor y misericordia, no suavice los corazones de los que tienen a su cargo las riendas del poder, si todos los creyentes, y aun los no creyentes, así se lo piden.
“Hagan la prueba, y verán que bueno es el Señor”.
Ligia Chamorro Cardenal
El diálogo con los obispos
“Toda auténtica actividad humana es diálogo: diálogo con el mundo que es poesía; diálogo con los demás que es amor; diálogo con Dios que es plegaria”. (Jean Lacroix, profesor de filosofía en el Instituto politécnico de Lyon, Estados Unidos).
Está bien que los obispos se sienten a dialogar con el gobierno sandinista, pero, ¿quién tiene la varita “mágica” para asegurar que los dignos representantes de la Iglesia católica van a salir satisfechos con los puntos esenciales que le pongan sobre la mesa al mandatario que tiene sumida a la Nación en una pavorosa de las situación?
Nadie puede oponerse al diálogo porque solo dialogando nos podemos entender, buscando una salida a los crónicos males que registra Nicaragua y consolidar la paz social y el orden jurídico.
Muchos esfuerzos se han gestado queriendo salvar a Nicaragua de la ignominia, pero de tales empeños únicamente surgen la frustración, y el desengaño. El diálogo, si revisamos las páginas de la historia, vemos que es un instrumento de altura en vista de que únicamente los inteligentes dialogan, y ojalá que a Ortega le sobre inteligencia para que pueda dialogar con los obispos, pues la Iglesia católica en este caso, y en toda circunstancia es la que ha tenido, tiene, y seguirá teniendo, suficiente autoridad moral para ser oída en las peticiones que juzgue necesaria, y oportunamente planteada por sus pastores.
Ojalá que de este diálogo con los obispos surjan mecánicas de solución a los problemas que enfrenta la República, y se respiren aires de convivencia haciendo a un lado necias discrepancias que muchos han incidido en la destrucción moral de esta Patria donde sus valores menguan considerablemente para abrirle espacio a otros elementos sin ninguna significación, y que se vuelven factores de vergüenza frente a los retos de los nuevos tiempos donde la democracia pueda alcanzar sus naturales y necesarias conquistas.
Hugo Ramón García. Periodista de Somoto
Diálogo debe ser público
Este diálogo que se celebrará el 21 de mayo corriente es una victoria de Dios. La Iglesia católica y sus jerarcas sostendrán un diálogo amistoso con el gobernante Daniel Ortega, por fin llegó la paz, eso exactamente Dios lo ve con buenos ojos y seguro ahí estará con su espíritu y sabiduría para dirigirlo. De seguro en dicho diálogo saldrán a relucir nuevos horizontes de bienestar social y político para toda la nación, entre otros cánones de relevancia social. De seguro, que así como la Conferencia Episcopal lleva su agenda de trabajo, el Gobierno lleva la suya para coadyuvar resoluciones a las alternativas y prevención al conflicto.
El meollo de este diálogo y otros venideros, seguramente es el afán evitar más confrontaciones desde el púlpito contra el gobernante de turno y viceversa, y dejar gobernar y así respetarse mutuamente y profundizar por mejorar el bien común, entre otras cosas a tratar de beneficio nacional.
A este diálogo, sugiero deben darle cobertura los medios de comunicación. No es correcto que los dialogantes no den cabida a los medios de comunicación y censuren la información, pues considero que no hay nada que esconder, pues no es un diálogo privado familiar, el diálogo pertenece al pueblo de Dios que somos todos nosotros. De qué sirve que lo hagan a puerta cerrada, eso sí crea muchas dudas y suspicacias y hasta se podría llegar a pensar por la misma feligresía que ese diálogo es de pactistas y que la Conferencia Episcopal que ha llegado a pactar, estimo que deben romper con ese nudo que está atravesado y puede perjudicar en cuanto a la credibilidad. Todo debería ser a la luz pública, que el mundo se entere lo que dialogaron el Gobierno e Iglesia católica nicaragüense. Considero que no hay nada que esconder.
Por supuesto que la Conferencia Episcopal y el gobierno de Ortega saben perfectamente que la frase “diálogo democrático” se encuentra en muchas partes usado como una fórmula casi mágica para la solución y prevención de conflictos y no para buscar conflictos. Al igual, se refiere, a intercambio de opiniones en un proceso de enriquecimiento mutuo entre los participantes es una manera por la que se realizan descubrimientos de ideas que son de beneficio para todos. De tal manera, el diálogo que van a sostener Iglesia católica y gobierno es el sinónimo que todos pretenden mejorar los niveles de vida y de desarrollo del país, eso creo.
Este diálogo es un fruto del espíritu de Dios, por eso solo los que están en paz con Él pueden tener verdadera paz. Las transgresiones estorban las relaciones con Dios y perturba al que las comete. Si buscamos la paz, debemos apartarnos de lo malo y hacer lo que es bueno.
Como el “príncipe de la paz” merece destacarse a Cristo Jesús, quien dejó claro que sus siervos no deberían armarse para la guerra física, pues, le dijo a Pedro: “Vuelve tu espada a su lugar, porque todos los que toman la espada perecerán por la espada” (Mt. 26: 52) Es precisamente por este precepto bíblico divino, este diálogo es signo de paz y de cese a toda discordia, por el bien de todos, y así agradan a Dios.
Dios bendiga el diálogo y le dé mucha sabiduría a los dialogantes,. Que la paz reine por siempre y no teman que Dios estará con ustedes.
Bayardo Quinto Núñez
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