Pobre Fidel

Querida Nicaragua: Fidel Castro no es un hombre pobre, pero es un pobre hombre. No es un hombre pobre porque es el dueño de toda la bellísima isla de Cuba que asombró a los españoles cuando la vieron por primera vez y la catalogaron como la más bella tierra jamás vista. Es dueño de la isla y de todo lo que en ella se encuentra. Pero sigue siendo un pobre hombre. Tiene los autos de lujo que quiera, especialmente diseñados para él, pero ha perdido las fuerzas del cuerpo y el alma y no quiere saber nada de autos lujosos ni no lujosos. Dispone de los aviones y los yates que quiera, todos privados para que se sienta como en su casa, pero igualmente no tiene ánimo para viajes en yates y aviones.

Fabio Gadea Mantilla

Querida Nicaragua: Fidel Castro no es un hombre pobre, pero es un pobre hombre. No es un hombre pobre porque es el dueño de toda la bellísima isla de Cuba que asombró a los españoles cuando la vieron por primera vez y la catalogaron como la más bella tierra jamás vista. Es dueño de la isla y de todo lo que en ella se encuentra. Pero sigue siendo un pobre hombre. Tiene los autos de lujo que quiera, especialmente diseñados para él, pero ha perdido las fuerzas del cuerpo y el alma y no quiere saber nada de autos lujosos ni no lujosos. Dispone de los aviones y los yates que quiera, todos privados para que se sienta como en su casa, pero igualmente no tiene ánimo para viajes en yates y aviones.

Debe tener doscientos pares de zapatos de las mejores marcas, Florsheim, y naturalmente las exclusivas botas suizas de la marca Bali, pero prefiere las generosas chinelas que siempre ha usado y que le amortiguan los dolores de los juanetes y cayos.

En cuanto a sus alimentos seguramente tiene de todo, desde caviar y champan hasta perdices, faisanes, arenques del Adriático, queso manchego y vinos de todas las marcas, blancos, tintos y rosados. Pero Fidel no tiene apetito, ni puede comer mucho porque, además de sus achaques cotidianos, va a cumplir ochenta y ocho años en agosto y a esta edad no se puede ser tan dispendioso con un metabolismo lento y cansado.

Total, Fidel Castro tiene todo y no tiene nada. Aquí recuerdo al escritor italiano Giovani Papini cuando afirma que “el dinero es el excremento de Satanás”, y que “para qué queremos dos pares de zapatos si solo uno basta para los pies y para qué dos platos de comida si solo uno nos podemos comer”.

Recuerdo el primero de enero de 1959, yo que nunca bailo, tuve que bailar en medio de una multitud en la avenida central de San José, donde estaba pasando vacaciones. Qué enorme alegría en el mundo por el triunfo de Fidel que prometía una Cuba democrática y libre.

La historia todos la conocemos. Castro prometió convertir a Cuba en el primer país de Latinoamérica, multiplicar la producción de caña de azúcar, convertir a Cuba en una nación de alta tecnología para competir con los países del primer mundo, elevar el nivel educacional y hacer de todos los niños de Cuba profesionales que fueran ejemplo para el mundo. En fin la revolución cubana sería el faro luminoso que alumbraría a todos los pueblos de América.

Lo primero que hizo fue crear una enorme epidemia. La epidemia del terror, del miedo. En los primeros días fusiló como quiso y a quien quiso, inclusive a gente inocente del régimen de Batista y a algunos compañeros de armas que osaron expresar alguna crítica en su contra. Con esto quedó entronizado el miedo, el terror en toda la población.

Hoy, 55 años más tarde sigue siendo el dueño de la isla. Nunca superó los niveles de progreso de los tiempos de Batista, y toda la producción del país se vino abajo.

Pienso que Fidel Castro está viviendo su propio infierno en la tierra. Su revolución es un total fracaso y su peor castigo es estar retornando poco a poco al “aborrecible mercado libre”, “a la privatización” tan odiada y al reconocimiento de que su famosa revolución es un cadáver donde las aves de rapiña se disputan las pirulentas vísceras.

Como un don Quijote de la Mancha enloquecido, no precisamente por los libros de caballería, vive su infierno don Fidel recordando, quizás, todo lo que no pudo ser, o tal vez las miles de madres angustiadas que vieron morir a sus hijos en el paredón implacable, o los fantasmas de tantos inocentes fusilados que tan solo pedían el derecho a vivir como viven los hombres libres.

El autor es gerente de Radio Corporación. Excandidato a la Presidencia de la República en 2011.

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