Francisco en Tierra Santa

El papa Francisco se encuentra en Tierra Santa, en su segundo viaje fuera de Italia desde que fuera elegido el 14 de marzo de 2013. Como se recordará, su primer viaje fue a Río de Janeiro, Brasil, donde estuvo entre el 22 y el 29 del año pasado participando en las vigésimo octavas (28) Jornadas Mundiales de la Juventud.

El papa Francisco oficia la solemne misa por la Epifanía del Señor en la Basílica de San Pedro del Vaticano. LA PRENSA/EFE/Donatella Giagnori

El papa Francisco se encuentra en Tierra Santa, en su segundo viaje fuera de Italia desde que fuera elegido el 14 de marzo de 2013. Como se recordará, su primer viaje fue a Río de Janeiro, Brasil, donde estuvo entre el 22 y el 29 del año pasado participando en las vigésimo octavas (28) Jornadas Mundiales de la Juventud.

Francisco es el cuarto papa que visita Tierra Santa, donde el cristianismo hunde sus raíces históricas y espirituales. Los tres papas que antes de Francisco estuvieron en esos emblemáticos lugares, fueron Paulo VI, en enero de 1964, Juan Pablo II en marzo del año 2000 y Benedicto XVI, en mayo de 2009.

El Vaticano ha informado que el propósito de esta peregrinación de Francisco a Tierra Santa es exclusivamente religioso. El papa quiere dar un nuevo y mayor impulso al acercamiento entre las tres grandes creencias monoteístas que tienen una raíz común: el judaísmo, el cristianismo y el islamismo. Y en particular Francisco quiere promover más la unidad cristiana. De allí que su actividad principal será el encuentro que sostendrá con el patriarca de Constantinopla, Bartolomeo, en el mismo lugar donde hace cincuenta años se produjo la reunión histórica y sin precedente de un papa católico (Pablo VI) con un patriarca ortodoxo (Atenágoras).

Por eso es que los cardenales que viajan con Francisco son el argentino Leonardo Sandri (Prefecto de la Congregación para las Iglesias Orientales), el francés Jean-Louis Tauran (presidente del Consejo Pontificio para el Diálogo Interreligioso) y el suizo Kurt Koch (presidente del Pontificio Consejo para la Promoción de la Unidad de los Cristianos). Además, acompañan al papa sus cercanos amigos personales: Abraham Skorka, rabino judío y rector del Seminario Rabínico Latinoamericano de Buenos Aires, y el jeque musulmán Omar Abboud, antiguo secretario general del Centro Islámico de la República Argentina.

Sin embargo, el viaje de Francisco a Tierra Santa motiva también, de manera inevitable, una gran expectativa política y diplomática. El papa llega a Palestina e Israel cuando se acaba de frustrar otra iniciativa de paz para el Cercano Oriente, promovida por Estados Unidos y personalmente por su secretario de Estado, John Kerry. El antes mencionado líder judío Abraham Skorka, acompañante del papa en este viaje, ha dicho que la preocupación de Francisco “es cuál es la mejor manera de dar un mensaje de paz entre judíos y cristianos, entre cristianos y musulmanes, entre Israel y Palestina”. Seguramente no es por casualidad que Francisco, después de su primera parada en Jordania llegará mañana a Belén, en territorio palestino, la ciudad donde nació Jesús, y después volará en helicóptero para entrar a Israel por Tel Aviv, en vez de hacerlo por Jerusalén que está a solo 9 kilómetros de Belén. Esto se interpreta como un gesto de mucho simbolismo político a favor de Palestina.

Pero Francisco también irá al Monte del Recuerdo, en Jerusalén, para depositar una ofrenda floral en la tumba de Teodoro Herzl, el precursor del Estado de Israel, el cual fue reconocido por el Vaticano hasta en diciembre de 1993, por el papa Juan Pablo II, quien ya en abril de 1986 había calificado a los judíos como “nuestros muy amados hermanos mayores”. El equilibrio de Francisco es muy delicado, sin duda, pero será como dijera Abraham Skorka un mensaje indeleble y un grito profundo de paz.

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