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no de los señalamientos más sorprendentes del documento que los obispos presentaron a Ortega recientemente es que en algunas escuelas públicas se propaga un currículo contrario a la familia. Desde nuestra fe, escribieron en el inciso 7, consideramos grave e indebido que se esté imponiendo en algunos centros educativos la enseñanza de la llamada ideología de género opuesta al plan de Dios Creador y a las diferencias dadas por la naturaleza humana.
La veracidad de esta denuncia la comprobé personalmente hace dos años al ver, en el salón de profesores del Instituto Benjamín Zeledón, en Managua, un póster que proclamaba la libertad sexual absoluta y el derecho de hombres y mujeres a escoger su género. Que sea esta la enseñanza que oficialmente avala el Estado en la educación pública es verdaderamente alarmante. El cardenal Antonio Cañizares llamó la ideología del género como una de las más insidiosas y destructoras que puedan pensarse, en cuanto para ella, no existe naturaleza ni verdad del hombre.
Efectivamente, para los proponentes de esta ideología no existen identidades, ni comportamientos sexuales naturales o morales. El ser humano puede hacer de sí mismo y de sus relaciones, lo que él quiera. Por eso hablan de derechos reproductivos, de la pluralidad de opciones sexuales. Su agenda educativa es que los jóvenes aprendan que son libres para elegir ser varones o mujeres con el contenido subjetivo que ellos mismos hayan dado a esos términos y cambiar de decisión cuantas veces les plazca. Igual que vean al matrimonio como una opción más, de igual valor que la cohabitación sin compromisos o las relaciones ocasionales.
Ante el activismo de esta ideología los obispos han propuesto una alternativa interesante, incluso de corte liberal, por cuanto no pretende imponer desde el Estado un credo o moral determinada: Que se dé igual oportunidad en las escuelas y universidades a la enseñanza de la doctrina moral católica, inspirada en la Revelación y la Doctrina de la Iglesia.
Los obispos piden, sencillamente, que se permita a los estudiantes escuchar una visión alternativa; aquella que cree que hay comportamientos e instituciones naturales, en el sentido de acordes con la vocación biológica y social del ser humano, y de que hay comportamientos morales, que dignifican y ennoblecen al ser humano, a la par de otros inmorales, que lo denigran.
La presentación de distintas visiones sobre estos temas permitiría a los estudiantes una elección más inteligente, libre e informada. Ellos podrían escuchar a expositores, como el ingeniero Fernando Bárcenas, quien escribió recientemente que no hay( ) argumento alguno que pueda demostrar que una forma de familia (basada en el matrimonio cristiano o basada en la indisolubilidad del vínculo conyugal) sea superior a las demás alternativas de convivencia familiar, como pretende obstinadamente el doctor Belli. También podrían escuchar a estos obstinados que alegan lo contrario no solo en círculos religiosos, sino también en la comunidad sociológica.
Pues sería realmente incoherente que un Gobierno que se dice cristiano y solidario y que promueve Purísimas, nacimientos y árboles de Navidad, cierre las puertas de sus centros educativos a quienes, desde su perspectiva cristiana o de la ley natural, exaltan el matrimonio y la sexualidad vivida en un contexto de una relación comprometida y estable entre hombre y mujer, mientras las abren a quienes proclaman como conquista el amor libre, la transexualidad, el sexo sin compromisos y la temporalidad de las relaciones familiares.
La repuesta de la pareja presidencial a esta petición de los obispos será otro importante test de sus principios y su sinceridad. El autor es sociólogo. Fue ministro de Educación.
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