Ilusión monetaria

En los últimos años, dentro del mundo de las finanzas personales, las tarjetas de crédito se han convertido en una opción que a primera impresión parece ser una maravillosa elección.

Geraldina González C.

 

 

En los últimos años, dentro del mundo de las finanzas personales, las tarjetas de crédito se han convertido en una opción que a primera impresión parece ser una maravillosa elección.

La esperanza de contar con un respaldo, ya sea para adquirir un crédito, o bien para tener una opción de emergencia ante un imprevisto nos hace dudar sobre la posibilidad de adquirir o no una tarjeta de crédito.

Las opiniones de quienes ya cuentan con una, o con varias tarjetas de crédito, son variadas, no obstante en más de alguna ocasión hemos escuchado una experiencia negativa sobre el uso del “dinero plástico”, como algunos le llaman, pues seguramente han corrido con la “mala suerte” de caer en grandes deudas.

Conocer estos casos puede hacernos dar marcha atrás, aunque la inquietud aún se mantenga presente.

El economista Luis Murillo explica que una tarjeta de crédito “es un servicio financiero que los bancos han desarrollado a lo largo de los últimos 15 años, en donde a la persona se le da la ‘facilidad’ para que adquiera un crédito rápido y sin mucho trámite”.

Aunque esta definición pueda convertirlas en una opción atractiva y beneficiosa, Murillo sostiene que este crédito es bastante peligroso por dos razones fundamentales.

“En primer lugar, las tasas de interés son relativamente elevadas, incluso están siendo sujetas a todo un debate porque contraviene la ley de usuras. Una de las tasas más baratas que hay en tarjetas de crédito es de 4.5 por ciento mensual, anualmente estamos hablando del 54 por ciento de tasa de interés, cuando un crédito bancario anda entre 22 y 26 por ciento. Y en segundo lugar, hay una sobreoferta de tarjetas de crédito, y esto ha venido afectando la liquidez de las personas y de la economía”.

¿POR QUÉ SÍ TENERLA?

Según Murillo, contar con una tarjeta de crédito puede ayudarnos a solventar gastos de emergencia y a adquirir créditos a muy a corto plazo sin muchos trámites.

De igual manera, cuando un establecimiento tiene alguna promoción relacionada con este tipo de tarjetas, contar con ella es una ventaja.

Hacer un uso adecuado de la tarjeta de crédito nos puede permitir mantenerla sin desequilibrar nuestra economía personal o del hogar, siempre que se utilice con responsabilidad.

Sumado a ello, cuentan con un sistema de acumulación de puntos que al final nos benefician de una u otra forma. Por lo tanto, la posibilidad de adquirir este tipo de crédito a corto plazo puede convertirse en una herramienta útil para nosotros.

POSIBLES RIESGOS

Como la mayoría de cosas en esta vida, el tema de las tarjetas de crédito también tiene ciertas características poco beneficiosas para el tarjetahabiente o titular de la tarjeta.

Para el economista Luis Murillo, el crédito ofrecido mediante estas tarjetas es oneroso. “Normalmente a ese 54 por ciento de interés anual se le suman otros trámites. Por ejemplo cuando usted va a retirar efectivo le cobran el dos por ciento, y cuando está en mora le cobran entre seis y ocho por ciento, ante lo cual el crédito le va resultando en más de ciento por ciento anual, y eso va generando un endeudamiento que le traerá muchos problemas”.

Al adquirir una tarjeta de crédito es importante conocer con propiedad los diferentes términos establecidos por la institución financiera respecto a la tarjeta, entre ellos, estar claro de las fechas de corte, el porcentaje de interés mensual, el plazo para cancelar la deuda y en algunos casos el plazo para bonificar. Desconocer estas reglas del juego nos puede provocar un descontrol.

Olvidar realizar el pago en el período de gracia otorgado por el banco después de la fecha de corte traerá como consecuencia el aumento de la deuda. De igual manera, si no podemos cancelar el total de la deuda, la cantidad a pagar aumentará.

“El banco te da dos montos, el pago mínimo y el total. Si no tenés mucha liquidez decides pagar lo mínimo, el saldo restante se incorpora a la deuda principal y sobre eso te van a cobrar el interés mensual. A eso se le suman los recargos, mora, convirtiéndose en una bomba de tiempo”, explica Murillo.

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