Eduardo Cruz
Kenneth M. Coleman es un politólogo norteamericano que conoce Nicaragua desde 1989, cuando llegó al país para realizar un estudio en el sector informal, específicamente entre los taxistas, legales y piratas y los vendedores ambulantes.
A Coleman le llamó la atención que, teniendo Nicaragua en ese momento un gobierno con tendencia socialista, en realidad no intervenía en algunos aspectos, como el sector informal, ya que los taxistas y vendedores ambulantes le explicaban que a ellos nadie les supervisaba la higiene ni la atención al cliente, ni otras calidades necesarias para brindar un buen servicio.
Coleman estuvo en contacto con Nicaragua en otras ocasiones, como cuando fue observador electoral en 2001 y luego profesor invitado en la UNAN-Managua.
Este año regresó al país para laborar en una encuesta de opinión pública para el Proyecto de Opinión Pública de América Latina (LAPOP, por sus siglas en Inglés), dirigido por la Universidad Vandervilt, de Nashville, Tennessee, Estados Unidos.
Estas son sus reflexiones sobre los resultados de dicha encuesta.
¿Cómo anda la opinión nicaragüense?
Aplicamos una pregunta sobre qué es el problema principal que enfrenta el país y las respuestas fueron contundentes, ocho de cada diez nicaragüenses mencionan la economía. La gente menciona problemas como el desempleo, la pobreza, la inflación.
En Nicaragua se habla de que hay crecimiento económico…
Como en muchos otros países el crecimiento no llega a todo el mundo. Yo como profesor en el pasado he hablado de crecimiento sin desarrollo.
¿Qué tan sincero es el nicaragüense cuando es encuestado?
Hay la posibilidad de que la gente no diga todo lo que piensa. Yo diría que la mejor manera de juzgar la evidencia de la opinión pública es hacer comparaciones a través del tiempo.
¿En qué aspecto le es más difícil expresarse a los nicaragüenses?
Aplicamos por primera vez una pregunta sobre la confianza en hablar de la política y los resultados eran interesantes, en el sentido de que el 55 por ciento dijo que hay que cuidarse de hablar de la política, aún entre amigos. Más que un tercio, como un 35 por ciento, dijo hablar de política siempre delante de sus amigos sin problemas y que no hay razón para desconfiar. Otro nueve por ciento dijo que depende de las circunstancias para hablar de política abiertamente. Y sumado el 55 por ciento con el nueve por ciento sugiere que casi dos tercios de los nicaragüenses viven cierta desconfianza en hablar abiertamente sobre la política.
La encuesta ubica bien a las Fuerzas Armadas…
Casi en todos los países latinoamericanos una institución que genera mucha confianza son las Fuerzas Armadas, pero por otro lado los partidos políticos generan mucha desconfianza y también las asambleas legislativas frecuentemente, como en Nicaragua, no generan mucha confianza.
¿Y por qué los partidos políticos generan desconfianza?
La gente entiende en cierto nivel que la democracia es una manera de resolver el conflicto. Y hay conflicto, siempre va a existir el conflicto, pero los partidos políticos y las asambleas nacionales son los lugares donde se observan los conflictos y aunque a la gente le guste la idea de resolver el conflicto no quiere observar el conflicto y esto es lo que observan entre los partidos y en las asambleas.
- “Nuestro interés es compartir los datos en cada país donde hacemos una encuesta. Estamos interesados en entender mejor la cultura necesaria para soportar a las instituciones democráticas, nuestro punto no es descalificar a líderes, ni a partidos, sino es entender la cultura de la democracia”. Kenneth M. Coleman, politólogo.
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La gente desconfía de las encuestas porque son pagadas por determinado sector. ¿En el caso de ustedes?
Nosotros somos una actividad netamente académica y nuestro interés en cierta forma es compartir los datos en cada país donde hacemos una encuesta, pero también estamos interesados en entender mejor la cultura necesaria para soportar a las instituciones democráticas. Nuestro punto básico no es descalificar a líderes, ni a partidos, sino entender la cultura de la democracia.
Y suponemos que consiste, en primer lugar, en la confianza que tiene la gente en instituciones democráticas como cortes de justicia, asambleas, partidos políticos, medios de comunicación, todo eso ejerce funciones necesarias para el sistema democrático. Y otra cosa muy importante es la tolerancia política, porque la tolerancia es una condición cultural importante para la sobrevivencia de la democracia, porque la idea del sistema democrático es que deben de ser abiertos a cambios, no hay ningún punto de tener elecciones si no hay ninguna posibilidad de que otro grupo pueda entrar a largo plazo en el poder, entonces la tolerancia es una condición civil necesaria para la democracia.
¿Cómo anda la tolerancia política entre los nicaragüenses?
Ha bajado significativamente entre 2012 y 2014.
¿Qué significa eso?
Hay gente siempre hablando mal del sistema de gobierno, no solo del gobierno de turno, sino de todos los sistemas. Debe tener este tipo de personas el derecho de evocar, el derecho de participar en manifestaciones pacíficas para expresar sus puntos de vista, el derecho de aparecer en la televisión, el derecho de ser candidatos. Bueno, el supuesto fundamental de la democracia es que aun los críticos del sistema deben de tener esos derechos civiles y políticos. No quiero exagerar el detrimento en la tolerancia, todavía estamos más o menos en condiciones en medio, pero en una escala de cien puntos a cero puntos —cien puntos siendo el caso más tolerante de la cultura totalmente tolerante y cero representando una cultura totalmente intolerante— hemos visto una bajada de 56 a 47. Esto es un poco preocupante. No es un desastre, pero indica un retroceso en la tolerancia política.
¿Qué tanto peso tiene la opinión pública del nicaragüense? Porque vemos que en otros países han tenido que renunciar al cargo los funcionarios cuestionados, pero en Nicaragua no ocurre lo mismo…
Puede ser que (el funcionario cuestionado) no haya llegado a un nivel de impopularidad.
¿En estos momentos le favorece a este gobierno la opinión pública?
Una manera de juzgarlo sería mencionar algunos resultados sobre las políticas públicas. Sobre las escuelas, la población nicaragüense está más o menos contenta con las condiciones de las escuelas. Con las carreteras un poco menos, pero más o menos contestó. El mayor nivel de descontento que he visto en nuestros datos sería sobre la salud pública. Pero no hay evidencia de descontento profundo con la actuación del Gobierno.
Sí hay críticas en ciertos sentidos. En el asunto del canal por ejemplo, resulta que nueve de cada diez nicaragüenses dicen que si el dueño de una propiedad no está de acuerdo con la expropiación no se debe de hacer. El Gobierno no ha llegado a la necesidad de tener que expropiar propiedades para la construcción del Canal, pero llegado su momento va a ser un tema delicado.
En la encuesta de ustedes, las personas sabían más del Canal que de las reformas constitucionales…
Una explicación posible es que en la manera de presentar la ruta del Canal había mucho énfasis en “vamos a generar 25,000 empleos allá y 25 acá” y en la ponencia inicial que hizo el presidente (Daniel) Ortega eso era mencionado mucho. Dado que el ochenta por ciento de la población nicaragüense está preocupado por la economía, entonces el argumento de que (el Canal) va a generar muchos empleos es atractivo aparentemente.
¿Eso nos indicaría que al nicaragüense le interesa más lo económico que lo político?
Yo diría que para los pobres probablemente sí. Cualquier partido político o actor político puede generar la impresión de que su preocupación es nuestra preocupación, entonces inicialmente esto va a tener una atracción, es como un mural vacío que el presidente está llenando.
Me decía que las personas con mayor nivel de educación son las que tienen un mayor descontento…
Así es en Nicaragua y en la mayoría de los países.
¿Este descontento es con la situación del país o con el Gobierno?
Probablemente con los dos. Hay evidencia de descontento con el Gobierno en cierto sentido, sobre los esfuerzos del Gobierno para combatir la corrupción. Ahí se ve que los más educados están descontentos con los esfuerzos del Gobierno para combatir la corrupción.
¿Qué reflexiones le dejó su encuesta en términos globales?
En términos positivos hay bastante apoyo político para las instituciones actuales que existen en el país, con la excepción de la asamblea y los partidos políticos.
¿Y de la justicia?
La justicia está en la calificación intermedio. Hay bastante confianza en la Constitución y en la Presidencia en realidad y también hay un dato de que, tres de cada cuatro dicen que vamos a reformar la Constitución y debemos de hacerlo por votación. Este es un momento en que un pueblo sugiere que quiere ser tomado en cuenta en los procesos que se llevan a cabo en el país como es una Constitución. En el lado negativo solo tres de cada diez nicaragüenses estuvieron enterados de lo que estaba pasando con las reformas constitucionales, que sugiere un público mal informado. Otro elemento negativo es la desconfianza que tienen algunos en hablar abiertamente de la política.
Hay una pregunta que por primera vez se habla en el mundo académico, que es la eficacia de la política y si los partidos políticos le prestan atención a la gente común. Los nicaragüenses indicaron, más del cincuenta por ciento, que no. O sea, la más negativa, lo que indica cierta desconfianza en el intercambio entre los liderazgos del país.
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