Un día de estos, ordenando encontré un documento que me había dado mi padre y que se refería a un Código de Ética sugerido para el Servidor Público.
En un inicio me pareció un tema cansado para leer, pero posteriormente no solo lo encontré de sumo interés para mí como exempleado público del Minsa, sino además oportuno ya que los conceptos expresados son válidos en cualquier tiempo o lugar. Es por eso que he considerado propio compartir algunas reflexiones sobre este tema con los numerosos lectores de LA PRENSA.
Se entiende en términos generales la función pública como la actividad del Estado ejercida por medio de sus servidores en el sentidos más amplio, con miras a la satisfacción del interés público, por lo que un funcionario o servidor público es toda persona que ejerce ocasional o permanentemente funciones en la Administración Pública centralizada o descentralizada y demás entes del Estado, no importa el nivel del cargo ni el tiempo que labore, esta obligado a servir al público.
“El ejercicio de la función pública debe orientarse a la satisfacción del bien común, que es su fin último y esencial. Para ello la función pública propondrá a la promoción de los valores de honestidad, justicia, solidaridad, paz, libertad y democracia”, dice el documento.
La democracia es el único sistema donde tales principios se pueden desarrollar en su plenitud, es por eso que debería de ser una obligación para el sistema educativo en los centros de primaria y secundaria incluir dentro de sus programas el estudio de estos valores para que el hombre del mañana lleve bien arraigado estos conceptos. De nuevo observamos que la educación es la piedra angular para el desarrollo de la verdadera democracia que deseamos para nuestros hijos y nietos.
En cualquier función que tengamos como servidores públicos tenemos deberes que cumplir de acuerdo al tipo de trabajo que ejercemos, pero lo anterior debe de estar siempre dentro de un marco de deberes éticos que son de cumplimientos obligatorio, no importando la posición que se tenga. Los más importante a mencionar son: el deber de la responsabilidad, el de la probidad, el de la responsabilidad , el de conducirse adecuadamente, el de confidencialidad, el de imparcialidad, el de la objetividad, el de comportarse con decoro y respeto y el deber de excusarse de participar en actos que ocasionen conflicto de intereses.
Por último me gustaría terminar mencionando un párrafo que se refiere al trabajo en el Libro de Juan Luis Lorda, Para ser Cristiano que dice: “El sentido del servicio es especialmente importante en las tareas públicas. El criterio fundamental de la honestidad del desempeño de la función pública es el de servir al bien común. Esto se hace tanto atendiendo en una ventanilla al público, como gobernando un sector de la vida ciudadana”.
Los hombres públicos deben de impregnarse del sentido del servicio que legitima su actuación. Si no sucede así, resulta además muy difícil no dejarse llevar por la ambición de los honores, que hace andar siempre en la búsqueda de los ascensos; o por la seducción del dinero, que tan tentadora y fácilmente se ofrece, a veces por caminos pocos honestos. La función pública es una gran oportunidad de servir y de preocuparse realmente por resolver los muchos y graves problemas que aqueja la sociedad, en especial la nuestra.
Ser empleado público es un honor poco comprendido por la gran mayoría, se tiene el deber de ser iguales o mejores que en las empresas privadas, debemos de sentir una mayor satisfacción de la labor cumplida, a pesar de los pocos medios, la mala remuneración y las condiciones de pobreza. Siempre creeré que servir le da al hombre una connotación especial ante Dios, los hombres y la Patria. El autor es cirujano Pediatra
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