Hay regocijo en el gobierno de Daniel Ortega y entre los católicos orteguistas en general, porque el papa Francisco revocó la suspensión a divinis que el papa Juan Pablo II impuso al sacerdote sandinista Miguel D’Escoto, a mediados de la década ochenta del siglo pasado. La suspensión a divinis significa que el sacerdote sancionado no puede administrar los sacramentos y le fue impuesta a D’Escoto por desobediencia, al persistir en seguir siendo ministro del gobierno sandinista a pesar de que la Iglesia católica se lo había prohibido.