Guardianes de la galaxia

Los Guardianes de la galaxia son las estrellas “alternativas” de Marvel Comics. Si Iron Man y el Capitán América habitan el mundo “real”, ellos operan en el espacio y con un tono menos ceremonioso. Sus historietas datan de 1968, y tuvieron otra aparición en el 2008.

Por Juan Carlos Ampié

Los Guardianes de la galaxia son las estrellas “alternativas” de Marvel Comics. Si Iron Man y el Capitán América habitan el mundo “real”, ellos operan en el espacio y con un tono menos ceremonioso. Sus historietas datan de 1968, y tuvieron otra aparición en el 2008.

Entre esos dos polos, sus personajes han desfilado fugazmente en los cómics de Thor y otros paladines. Ahora, llegan a la pantalla grande en un mundo gobernado por Marvel. Ya no es una simple editorial de pasquines. Es un genuino imperio multimedia que rivaliza con Disney y Pixar. Y en este nuevo orden, los bufones pueden ser reyes.

Comenzamos con los pies firmemente plantados en la Tierra de los años ochenta. De forma tan terrenal que enfrentamos la inevitabilidad de la muerte. Peter Quill es un niño de unos 12 años, refugiándose en su walkman para no lidiar con la agonía de su joven madre, sucumbiendo ante un cáncer terminal. Escuchamos lo que él escucha, “I'm not in Love” de 10CC (un grupo de rock británico). El truco nos obliga a identificarnos con el personaje, y planta el motivo recurrente de la película: el uso de música “retro”, por turnos irónico y sincero. Son canciones de los años setenta que la madre ha escogido para él. Cuando ella muere y Peter corre fuera del hospital, es secuestrado por una nave espacial.

Saltamos al futuro y lo encontramos covertido en adulto, en el cuerpo del comediante Chris Pratt. Se presenta a sí mismo, como “Starlord”, un forajido en el molde de Han Solo. Pero nadie lo toma en serio. La búsqueda de una misteriosa esfera encomendada por un traficante de antigüedades lo pone en la mira de seres poderosos y malignos: Ronan y Thanatos (Lee Pace y Josh Brolin, ambos irreconocibles). Se cruza con una banda de oportunistas que terminan por convertirse en sus aliados: el mapache mutante Rocket (Bradley Cooper), la planta antropomorfa Groot (Vin Diesel), el coloso Dax (Dave Bautista) y la intrigante Gamora (Zoe Saldana).

El corazón de la película está en delinear el proceso, mediante el cual los oportunistas conectan emocionalmente entre sí, dejando a un lado el interés personal y convirtiéndose en héroes legítimos.

El director James Gunn, basado en el guión originado por Nicole Perlman, crea una atmósfera de cómico desenfado. Sin embargo, el ADN de Marvel no se vence fácilmente. Demasiadas veces, los personajes se ven forzados a declamar un diálogo que empuja torpemente la trama. Parafraseando, “tenemos que recoger la esfera y llevarla del punto X al punto Z”.

Guardianes de la galaxia funciona mejor en sus digresiones, cuando pretende ignorar los imperativos de la fórmula y deja que los renegados marchen al ritmo de su propio tambor. Gunn tiene una deuda creativa con Guillermo del Toro, La guerra de las galaxias y la vieja serie de TV Quark . Pero no logra liberarse de las demandas de la taquilla. La acción deja en el polvo la credibilidad. Y las raíces convencionales del producto se delatan en el tratamiento a los actores.

Pratt, cómico de fisonomía obesa, tuvo que someterse a un régimen de dieta y ejercicio que lo dotara de los músculos indispensables para una innecesaria escena sin camisa. Zoe Saldana es muy buena en su papel, pero no dudo que los productores le dieron el papel de Gamora, con todo y su piel verde, porque el público masivo la adoró como la azulísima Neytiri de Avatar .

A pesar de todo, este es el producto comercial más entretenido del año. Por una vez, no duele la idea de una secuela.

×

Apoye el periodismo independiente. Lo invitamos a compartir este contenido.

Comparte nuestro enlace: