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desde que nuestras instalaciones fueron tomadas y nuestro gerente general Juan Lorenzo Holmann fue detenido.

con las instalaciones tomadas y nuestro gerente general Juan Lorenzo Holmann detenido.

Carlos Tünnermann Bernheim

Juan Bautista Arríen

Con el sensible fallecimiento del doctor Juan Bautista Arríen, Nicaragua pierde a uno de sus más notables educadores. Español de nacimiento (Durango, España, 1931), “renacido en Nicaragua” como el padre Ángel Martínez, optó por nuestra nacionalidad cuarenta años atrás, cuando cumplió con los trámites migratorios del caso. Sin embargo, mucho antes, ya había adoptado, con entrañable afecto, a esta tierra que fue testigo de su brillante trayectoria como educador y deportista. Llegó a Nicaragua en 1956, dotado de una sólida formación jesuita para enseñar en el Colegio Centro América de Granada. Más tarde, se incorporó a la recién fundada UCA en 1964, donde se desempeñó como catedrático, vicerrector académico y luego rector en 1976. Fue solidario con el movimiento estudiantil que se oponía a la dictadura somocista e hizo, en esa época, múltiples gestiones por los estudiantes presos.

En la década de los años ochenta, Arríen estuvo estrechamente asociado a todas las grandes tareas educativas que se emprendieron en ese entonces: la Cruzada Nacional de Alfabetización de 1980; la Consulta Popular sobre Fines y Objetivos de la Nueva Educación; la transformación curricular; la elaboración de los primeros planes de desarrollo educativo, etc. En todas ellas brindó, con honestidad, objetividad y competencia, sus valiosos aportes.

Cabe recordar que durante la Cruzada Nacional de Alfabetización, Juan Bautista, además, alfabetizó a varios empleados del Ministerio de Educación que no sabían leer y escribir. Por eso, en su hoja de vida figura, al lado de los altos cargos que desempeñó en el Ministerio, aquel que quizás le produjo más satisfacción personal: alfabetizador (1980). A finales de 1989, con la colaboración del profesor Róger Matus Lazo, Arríen coordinó la elaboración de la obra más completa que se ha escrito sobre lo que fue la educación de Nicaragua, en todos sus niveles, durante la década de los años ochenta. Se intitula: Nicaragua: diez años de educación en la Revolución .

Juan Bautista Arríen no solo fue un actor en los procesos de desarrollo y transformación de nuestra educación. También fue un pensador, un filósofo, un investigador, que dedicó al tema educativo decenas de libros, folletos y artículos. Es un autor de obligada consulta para quienes deseen conocer la problemática y perspectivas de nuestro sistema educativo. Fue reconocido como una de las voces más autorizadas del país en materia educativa. Su vocación por la investigación le hizo fundar el Instituto de Investigación Educativa de la UCA (Ideuca).

Un educador de la talla de Arríen, no podía circunscribir su acción a nuestro país. Pronto los organismos internacionales de más prestigio lo asociaron a su trabajo. Es así como por muchos años fue secretario permanente de la Comisión Nacional de Cooperación con la Unesco y representante de este organismo en Nicaragua. El doctor Federico Mayor Zaragoza, mientras fue director general de la Unesco, conoció y apreció el trabajo de Arríen. En 1990 lo designó Embajador Honorario para el Año Internacional de la Alfabetización. En 2004 recibió la Orden de la Paz Martin Luther King por sus aportes a la promoción de la Cultura de Paz. Fue miembro honorario de la Academia de Ciencias de Nicaragua. La UCA lo distinguió con el Premio Nacional de Humanidades.

Arríen fue un convencido de que los problemas de nuestra educación los debemos abordar en su conjunto, asumiendo el Sistema Educativo como una totalidad. “Sigo creyendo, afirmaba Juan, que una reforma integral de nuestro sistema educativo constituye una necesidad histórica”. Arríen fue también uno de los promotores de la idea de diseñar, sobre la base de un gran consenso, un Proyecto Educativo Nacional.

Gracias, Juan Bautista, por todo lo que hiciste por la educación nicaragüense. Gracias por tu compromiso ciudadano y cristiano con la educación. Gracias por tu pensamiento y tu indoblegable optimismo. Gracias por cuanto ante tu severa crisis de salud, el educador se agigantó y nos enseñó que también es preciso “educar para situaciones límites, diciéndole siempre sí a la vida”. El autor es jurista y escritor.

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