Lucydalia Baca Castellón
Volverse cada más eficientes para enfrentar la fluctuación de los precios internacionales, integrar la minería artesanal con la industrial y continuar mejorando el manejo social y ambiental en las comunidades donde operan son algunos de los principales desafíos que afronta la minería nicaragüense para mantener su crecimiento y consolidación.
“Estamos viviendo un momento de bonanza con buenos precios, la apertura del Gobierno y la conciencia que se está creando sobre la importancia de la industria, eso hay que aprovecharlo para fortalecer nuestras empresas, perfeccionar mecanismo y ajustar lo que no esté correcto para maximizar los rendimientos de la industria”, aconseja Castillo
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Sergio Ríos, presidente de la Cámara Minera de Nicaragua (Caminic), afirma que precisamente esa es una de las razones del I Congreso Internacional de Minería, que finaliza hoy con una gira de campo de las delegaciones internacionales vinculada a la minería, que se encuentran en el país desde el pasado 12 de agosto.
“Lo interesante es que congresos como este te dan la oportunidad de conocer las buenas prácticas que se usan en otros países e incluso en las empresas locales para que cada quien vaya mejorando. Es un poco el tema de la autorregulación, porque al mejorar la industria nos beneficia más a todos los nicaragüenses”, enfatiza.
La adopción de estas buenas prácticas debe ir enfocada en reducir los costos —manteniendo la calidad—, para enfrentar la incertidumbre que genera la fluctuación del precio de los metales en el mercado internacional, considera Álvaro Ledesma, gerente de asuntos corporativos de B2Gold.
Otro mecanismo de reducción de costos es la reinversión de los dividendos, tanto en tecnología para la operación como en las relaciones con la comunidad, “eso incluye la integración de la pequeña minería, que es una realidad y debemos establecer modelos inclusivos para trabajar con ellos”, añade Marcela Castillo, vicepresidenta de relaciones empresariales de Hemco.
No obstante, otro reto aún más importante es lograr la aceptación de la comunidad. “Ahora los problemas ya no son técnicos ni de financiamiento, son de financiamiento… Se puede tener una concesión, pero si no se cuenta con la licencia social, no se podrá operar”, advierte Ledesma.
Esta aceptación debe conseguirse a través de una estrategia de desarrollo sostenible, que use los frutos que genera la riqueza minera de la forma más adecuada.
“El asistencialismo ya no es el camino, ahora necesitamos países que definan que la minería es estratégica para su desarrollo y empresas que tengan como meta contribuir con su actividad al desarrollo de los países donde operan. Ese es el reto más importante”, asegura Ledesma.
Los representantes del sector minero coinciden en que la estrategia de desarrollo sostenible, que deben desarrollar las empresas en las comunidades donde operan, debe girar en torno a tres ejes de funcionamiento: educación, salud y generación de ingresos alternativos en la población.
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