¿Por qué las razones que consideró válidas Juan Pablo II ya no lo son para el papa Francisco?
En 1985 el papa Juan Pablo II suspendió de sus funciones sacerdotales al sacerdote Miguel D’Escoto Brockmann por haber priorizado la política ante el servicio de Dios.
D’Escoto Brockmann fue el canciller de la República durante la década de los ochenta y de hecho prefirió servir a la revolución con todos sus oscuros y sangrientos secretos, que a Dios como era su deber de sacerdote consagrado.
Cuando Juan Pablo II vino a Nicaragua por primera vez, la Revolución Sandinista estaba en su apogeo, predicando el ateísmo, el comunismo y la cultura de la violencia, la represión y la muerte. Todos los funcionarios de importancia compartieron la responsabilidad en todos los actos violentos que se cometieron en nombre de una libertad que nunca se logró, por eso no es aventurado decir que D’Escoto Brockmann, como ministro del Exterior, fue corresponsable del asesinato de Jorge Salazar Argüello, por ejemplo y para citar un caso específico.
Como católico creo en la infalibilidad del papa cuando habla excátedra, pero yo no sé si este acto de suspender la prohibición de oficiar misa a D’Escoto Brockmann es un acto de infalibilidad o simplemente de inspiración espiritual.
Jamás voy a criticar al papa Francisco, porque ha demostrado ser de avanzada y porque no soy quién para hacerlo, pero debo decir que este acto de perdón me confunde, no lo logro comprender y no le encuentro beneficio alguno. Se puede alegar la grandeza del perdón, pero no se debe ir perdonando a troche y moche por el mundo porque entonces el perdón pierde su grandeza.
D’Escoto Brockmann, en materia de complicidad y obediencia, está a la par de todos los que han formado parte de regímenes criminales, pero está siendo perdonado por la máxima autoridad del mundo católico, pese a su complicidad en todas las acciones sangrientas e injustas que cometió el gobierno revolucionario durante la década de los ochenta, como Navidad Roja, el Plan Bertha, las confiscaciones sin base, los sufrimientos que padecieron miles de familiares de las víctimas del despojo, el exilio o la muerte. D’Escoto Brockmann rubricó todos y cada uno de esos actos contra los nicaragüenses que no pensaban igual que la revolución y ahora solo porque quiere oficiar misa antes de su muerte, le dan el borrón y cuenta nueva, quizás para oficiar misas al lado del cardenal emérito, por la dictadura y los dictadores.
Una cosa es ser grande en su grandeza y otra muy distinta perder el norte de la justicia del pueblo nicaragüense.
Con todo el respeto, admiración y devoción que siento por el papa Francisco, no estoy de acuerdo con su decisión, lo cual no quiere decir que no esté de acuerdo con su forma innovadora de gobernar la Iglesia católica, apostólica y romana.
Creo que el papa Francisco debió haber pensado un poco más sobre las miserias que el pueblo nicaragüense vivió y sufrió durante esos años, en los que el sacerdote D’Escoto Brockmann era uno de los funcionarios más importantes del gobierno revolucionario.
Hay que dejar bien clara la actitud cristiana de sacerdotes como el padre jesuita Agustín Pro, quien murió por Cristo y la de sacerdotes católicos como D’Escoto Brockmann, quien vive para la Revolución Sandinista.
El autor es periodista.
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